Edición 353

Tres días de enseñanzas con el rock

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Finalizó la versión 19 de Rock al Parque y muchas son las lecciones personales y profesionales, no solo para el proyecto de Buque de Papel, sino para el periodismo, para la ciudad, para los jóvenes, para los viejos y para los organizadores de esta cita con la música, con la buena música.

Para ser breves: en la anterior editorial criticamos directamente el desmonte de las ruedas de prensa con los artistas, sinónimo de democracia, porque quien quisiera preguntar –y no eran todos por cierto- podía hacerlo. Debo reconocer que me molestó la eliminación de las ruedas, pero hoy manifiesto que no hay mal que por bien no venga: como periodista volví a los orígenes y a hacer reportería al destajo. Que cada medio luche por sus notas, y sin necesidad de la lagartería. Si esa era la apuesta o si se dio así de chiripa, aplausos. Pero con seguridad no se planificó de esta forma, y en esta ocasión, los colegas de siempre se portaron bien, y cada quien respetó al otro mientras hacíamos la labor periodística. Pero, ¿y qué tal no? Hubiese sido para bonches.

Ahora bien, la razón para que se parara con las ruedas fue también la tecnología: Google tenía un stand dentro de la zona de prensa desde donde realizó hangouts con los artistas, aunque nunca se quedaron después de las siete de la noche, lo cual nos favoreció a los medios alternativos. Igual sucedió con el sofá de uno de los patrocinadores, Red Bull, que copaba media zona. Pero bueno. Entre todos convivimos.

Idartes nos dio su balance, que no podía ser otro que el positivo, pero reconoció que para los 20 años, la apuesta debe ser mayor, en cuanto a cartel y a un tema que descubrimos está en caliente y lo dijimos aquí: la tolerancia musical, la diversidad debe prevalecer y el tema se está segmentando, hecho que puede degenerar en atomización. El sábado se volvió el día del metal y el domingo el del reggae. El del lunes festivo una amalgama que pasa inadvertida para medios y aficionados, a la espera del gran bocado de cierre.

Santiago Trujillo, director de Idartes afirmó que el año pasado se le apostó duro a la diversidad, a rescatar la raíz, y hubo críticas. Y este año que se especializó y se fortaleció la escena del metal, llovieron las puyas. Nadie está contento en definitiva, ni lo estará.

Lo importante es que el festival existe, es mayor de edad y con pros y contras es el espacio para que los jóvenes roqueros y nuevos músicos tengan su bautizo de fuego, también en franca lid. Y hay buenos y hay a quienes no les va tan bien. Como en la vida. Y nos lo gozamos, pese a las críticas.

En conclusión:

Sigo manifestando que un mecanismo como las ruedas y el trato a medios no puede cejar. Sobradas muestras hubo, que dejar el manejo de medios solo a redes fue un error y que se tradujo en baja asistencia los días segundo y tercero del festival.

Otro punto bueno fue la música. Desde las presentaciones de monstruos internacionales, como Canibal Corpse, Living Colour, Dubioza Kolektiv, Bosnian Rainbows, Junior Kelly e Ilya Kuriaki, hasta las propuestas que recién inician como la de Durazno, No Feedback, Oh´Laville, Met, etc.

Coletilla: un llamado especial para padres de familia y administración distrital. Abrir el parque los tres días del festival, para el público, es dejarles el negocio a los traficantes de droga y vendedores de alcohol. Es cierto que los valores se aprenden en casa, etc, etc, pero también es cierto que las mañas y los malos ejemplos, igual. Vi muchos jovencitos y jovencitas tomando y fumando pipas, metiendo popper, pepas, perico y marihuana (ni hablar el día del reggae). Las requisas y controles de la policía al ingreso son efectivos para controlar el ingreso masivo, pero fracasan, cuando desde adentro, desde la reja del parque, los traficantes aprovechan y hacen su agosto. Parece que la policía no se ha dado cuenta en qué orificios de su propio cuerpo, los espectadores camuflan la droga. Y sucede igual en los conciertos de salsa, hip hop o cualquier género, porque ahora vendrá la estigmatización. Nuestra sociedad está totalmente invertida en valores y es drogadicta y está enferma. Y la respuesta es que se voltea la cara. Si a esto no se le para bolas y se le facilita la vida a los dealers, en un Villancicos al Parque, si se lo inventan, puede ocurrir una pelea o lo que es peor, una tragedia.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.