Edición 375

¿Somos democráticos o republicanos?

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Pasaron otras elecciones más en Colombia, esta vez para elegir alcaldes, gobernadores, diputados, concejales y ediles, en un juego que no se sabe si llamarlo “democrático”, o que es un reflejo mecánico, cómo decía el asesinado líder político Álvaro Gómez Hurtado, “del régimen” en el que estamos inmersos.

Muchas líneas de respuesta. Aquí algunas:

Que el Vicepresidente Francisco “Pachito” Santos diga a rabiar en cada elección que es “un triunfo de la democracia” sobre los violentos y que “Colombia tiene una de las  democracias más antiguas de América Latina y del mundo”, tiene tanto de largo, como de ancho.

Es cierto que cumplimos este año 188 años de vida republicana, y que salvo la alteración del golpe de “mano”, o de “estado” del general Gustavo Rojas Pinilla, todos los presidentes han sido elegidos por el pueblo. Y que alcaldes, gobernadores, concejales y ediles también responden a una “voluntad popular”.

Esto se lee en los libros texto de primaria y bachillerato, pero la realidad encierra más.

Hoy, salvo quien quiera mirar la realidad con los ojos de sus intereses, o de gobierno, nadie tendría la caradura de afirmar a fuego, como el Vicepresidente, que es democrática la elección de alcaldes y gobernadores, como concejos, con los asesinatos de candidatos a dichas corporaciones de los últimos días en varias regiones colombianas.

Nadie puede llamar “democrático” a que cada vez que hay elecciones, los llamados grupos armados ilegales, que caen cada vez más en el terrorismo, presionen a los campesinos, a hombres y mujeres, a jóvenes en edad, para votar por sus “candidatos”, o para no permitir ganar al contrario. ¿Democrático es votar con un fusil en la cabeza, bien sea paramilitar o guerrillero?

No hay peor ciego que quien no quiera ver, y decir ante las Naciones Unidas, que el paramilitarismo ya no existe en Colombia, como lo indicó en septiembre el presidente Álvaro Uribe responde a lo que indicamos, “mirar las cosas bajo la óptica de sus intereses”, en este caso, la jugada política de poner un manto de ambigüedad, de negar lo notorio, en especial, cuando la Corte Suprema de Justicia sigue mandando congresistas, alcaldes y diputados que apoyaron a Uribe en su elección y reelección presidencial a la cárcel, por sus relaciones con los grupos paramilitares y que financiaron, apoyaron o convivieron con el paramilitarismo. Si no existiera tal, entonces ¿para qué procesos y para qué encerrar a los señalados por los mismos paramilitares?

Pero nadie, absolutamente nadie con algo de cordura y sentido común, o con  información, manipulada por los grandes medios de comunicación en Colombia, puede decir que hay democracia, cuando hace cuatro años se robaron las elecciones al Congreso y hubo un fraude demostrado con candidatos elegidos que perdieron sus curules a meses de terminar su mandato constitucional, entre ellos la aguerrida senadora Piedad Córdoba. Aquí la justicia cojeó más de la cuenta, pero llegó. Y a la gente se le olvida, no le interesa o nunca se enteró.

¿Democracia con la sangre de 10 concejales de Puerto Rico, Caquetá, masacrados por las FARC en 2005?

¿Democracia con la sangre de los 11 diputados del Valle del Cauca asesinados vilmente por las FARC este año, y a quienes había secuestrado hacía 5 años?

¿Democracia con los centenares de secuestrados en Colombia?

¿Democracia con alcaldes de municipios tan perdidos en la geografía colombiana, asesinados, o amenazados de muerte y prácticamente exiliados de sus regiones porque se negaron a entregar los exiguos recursos a los grupos de guerrilla o paramilitares?

¿Democracia cuando esta situación de la infiltración paramilitar reconocida por el propio presidente Uribe en el desvío y desfalco de las transferencias para salud subsidiada, o ARS, se registró en más de 500 municipios, es decir la mitrad del país?

¿Democracia en un país con una cada vez mayor inequitativa distribución de la riqueza, con el desempleo, según el DANE oficialista, entre el 16 y 18 por ciento de la población, con deserción escolar y educativa, con la pobreza que afecta a más del 70 por ciento de la población y de esa cifra, más de la mitad en la miseria?

Mejor no hablar de salud, ni de pensiones, porque con el cuento del déficit, lo que cotizaron nuestros abuelos y papás para sus jubilaciones se perdió y nadie dijo ni mu; y ahora la mensualidad de quienes tienen la fortuna de trabajar es para sostener lo de los viejos. ¿Cuándo se logrará una modesta pensión del 60 por ciento, con la precarización salarial y laboral y con propuestas e imposiciones del FMI de aumentar edades o pagar salarios mínimos integrales, defendidas por el premiado y “brillante” ex ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla? ¿Eso es democrático?

Así que enorme es el desafío, como el de comenzar a llamar a las cosas por lo que son: estamos en Colombia un régimen republicano, que elije con el voto condicionado o comprado a 30 mil pesos promedio y un tamal, y dentro de su gente lo que hay para “cogobernar” con los poderes mafiosos. Votar para tener menguada participación social, votar para un Estado que nunca llegó a ser de bienestar y que cada vez lo empequeñecen más, como es moda en el mundo desde hace 17 años.

Votar por un sistema tan imperfecto y lleno de problemas, como dijo Winston Churchill, pero que es el único que funciona.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro y por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.