Edición 352

¡Basta de estigmatizaciones!

PDFImprimirCorreo electrónico

La palabra quilombo tiene variadas acepciones, en especial en esta Argentina nostálgica. Que es un lugar para refugiarse, como lo trataba el gran escritor e ilustre desconocido para nosotros arriba del continente, Macedonio Fernández. Pero también, y en el mágico lenguaje del lunfardo, significa problema, enredo, escándalo. ¡Y qué quilombo el de Colombia!

Ese lío tuvo un capítulo especial durante esta semana que no podemos dejar pasar desapercibido. Si recurriéramos a la frase de cajón, y ya usada y quemada por los medios, como la de “Tongo le dio a borondongo, borondongo le dio a Bernabé…” que inmortalizara la Sonora Matancera, reflejaríamos en parte lo que ocurrió y que ya no nos gusta para nada: que todos se dan con todo.

El lío comenzó en la semana previa a las elecciones con “la metida de pata” política del hoy alcalde elegido de Bogotá, Samuel Moreno, de responder con sinceridad, y de político, de comprar votos por el logro de sus objetivos de ciudad. La bola de nieve se acrecentó, cuando el grupo armado ilegal FARC, que también juega a la política -así no lo crean- anuncia con bombos y platillos su apoyo, de nuevo, al Polo, en un intento por reencaucharse ante la pérdida de norte, legitimidad y acciones terroristas; y cómo no a Samuel Moreno.

Esto deja mal sabor en el gobierno y en el presidente Uribe, que el domingo, durante plenas elecciones pide a los ciudadanos “no apoyar a los candidatos que compran votos y son apoyados por las FARC”, en clara alusión a Moreno, así no lo nombrara directamente.

Pero el malestar se volvió huracán con el triunfo de Moreno, y la inquina del Presidente llega al extremo de no recibir al nuevo alcalde de la Capital de la República, el lunes pasado. Y empezó lo feo: los ministros y miembros del gobierno disparando balas verbales, metidos de lleno en el jueguito de señalar con el dedo, sin pruebas, sin constataciones: “que Carlos Gaviria es el ideólogo de las FARC”, porque la página relacionada con el grupo ilegal “reencaucha” un editorial de El Tiempo de octubre pasado, y su tesis sobre el delito político y su conexión con el homicidio. Y otras más.

El Procurador Edgardo Maya pide a la Comisión de Acusaciones de la Cámara investigar –una más- al Presidente por intervención en política con sus comentarios. La gente del Polo Democrático, el partido de izquierda y ganador echando candela y ante los medios defendiéndose como gato panza arriba.

Y de inmediato la respuesta del gobierno, con voz y lectura de un comunicado de tres líneas, donde dice “que pedir a los ciudadanos a que voten por los candidatos no apoyados por la compra de votos es democrático y no intervención en política”.

No faltaron los rumores a voces y en medios de comunicación que existían unas grabaciones que constataban el hecho. Otra vez, como cuando el Ministro de Defensa, Juan Manuel Santos habló en una rueda de prensa, en 2006, donde manipuló a una periodista de un canal televisivo poderoso, ávida de fama, y dio fe de unas grabaciones que probaban las relaciones non santas de candidatos y hombres públicos con la guerrilla, cuando se empezó a halar la punta del ovillo de la parapolítica. Personajes como el ex senador y en ese entonces candidato presidencial Rafael Pardo, con las FARC.

Pardo, ex ministro de Defensa y responsable del bombardeo a Casa Verde, el campamento de las FARC, y duro funcionario contra la subversión, como critico de la ley de desmovilización de los paramilitares, salió al paso y conminó a que mostraran las grabaciones. Santos, en la de Pilatos, afirma que fue el Comisionado de Paz, Luis Carlos Restrepo el que le informó. Y éste, tuvo que salir a desmentir, sin desmentir, y sin pedir disculpas, la existencia de tal cinta mágica. Y  no pasó nada.

¡Basta de estigmatizaciones!

El jueguito de señalar con el dedo sin pruebas con total irresponsabilidad dejó 300 mil muertos en Colombia. Se nos sigue olvidando la violencia política entre liberales y conservadores, entre 1948 y 1953, cuando se cometieron barbaridades por el simple hecho de usar, vestir o tener un trapo rojo o azul, un hecho tan oscuro en nuestra historia que quieren borrar de la memoria a como dé lugar.  Y no hablemos del genocidio de la Unión Patriótica, partido político arrasado a punta de bala.

Parece que nuestros gobernantes no aprenden de esos errores históricos, ¿o es que eso es lo que quieren? ¿Polarizar y exacerbar para seguir en el negocio de la guerra estúpida? ¿O que alguien desestabilizado les siga el juego y termine atentando contra los representantes de la oposición, que ganó las elecciones y ya?

Jugar con candela es muy fácil, pero controlar el incendio que nos ha arrasado la vida en estos 60 años, no.

 Así que sindéresis y cabeza fría. Son vidas las que están en juego. Y en especial, Presidente y oposición, como decían las abuelitas “hay que aprender a ganar y perder”.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro y por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.