Edición 355

El oficio de escribir

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Sentarse frente al computador y comenzar a hilvanar ideas para transformarlas finalmente en oraciones compuestas y que expresen nuestras ideas, a veces es una tarea harto compleja.

No todo el mundo tiene el don de la palabra, y menos de la escritura. No es tan cierto lo que dicen, aquello de que se escribe como se habla, y no pocas veces se habla como es escribe. Pero bueno, al final, con el poco o mucho don que se posea, siempre es interesante lograr llevar nuestro pensamiento e ideas que a alegran, conmueven, chocan, debaten, enriquecen a los lectores.

Y precisamente desde hace 5 años, a bordo de nuestro Buque de Papel subió el poeta colombiano Leopoldo de Quevedo y Monroy, quien semana a semana, con una rigurosidad casi monástica, nos ha sorprendido e iluminado con la cotidianidad que se percibe en una cosecha de papayas y su símil con la anatomía femenina, o con la política nuestra de todos los días, que mantiene su influencia en la vida de los ciudadanos, así los mismos ciudadanos no la quieran, la aborrezcan, sean indiferentes.

¿De qué no ha escrito don Leopoldo? Creo que toda la vida ha desfilado por sus letras, con una prosa que reta, alienta, estimula. Desde fútbol, Falcao, cine, arte, poesía y cotidianidad. Su pluma bendita ha tratado todos los temas y ha poblado nuestro espacio de columnistas habituales e incluso –pese a la distancia geográfica- a veces coincidimos con su pensamiento, lo cual abre las puertas del editorial o la postura editorial del Buque.

Hace dos meses, como me confesó por teléfono, una patada de elefante por poco deja el soneto de su vida a medio terminar. Unas arterias taponadas que requirieron de operación a corazón abierto. Don Leo, confesó sin rubores –y a todos nos pasa- que nunca en su vida sabía qué era un hospital, y enfrentarse a sus terrores.

A Dios gracias su recuperación va en franco ascenso y ya está aquí.

Don Leopoldo hace parte del grupo de incondicionales con este proyecto, como Miguel Ángel Giordano, en Buenos Aires, Leonardo Alba, desde Italia, Cartagena o donde el tango y el asombro lo lleven y Jaime "Papá" Jaramillo, quien son sus reflexiones también hace parte de nuestra tripulación.

Así que pasado el susto, un saludo a don Leopoldo, que como Quevedo, seguirá hilvanando versos, y como Monroy, seguirá a bordo de nuestra buque.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.