Edición 368

Criticar viene de grito y sufrimiento

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Necesitamos ser menos, no más, asertivos.

Necesitamos cuestionar más.

Alberto Manguel en Lecturas sobre la lectura. Pág. 316

Criticar viene de grito y sufrimientoA veces, parece, que las palabras las hubieran inventado los griegos. Porque era un pueblo pensante, filósofo. Que tenía un ágora, una plaza a donde el ciudadano podía, como los locos de hoy, a vociferar, a echar al aire sus intestinos, aunque nadie les ponga cuidado.

Por ejemplo, en su diccionario está el verbo ????e??, juzgar, discernir. Y de ahí derivan las palabras criterio, crítico, crisis. Un pequeño glosario para empezar a pensar.

Hoy, como ayer, nuestros sabios políticos y misioneros, recomiendan en sus folletos y propagandas que seamos asertivos, proactivos, y que nos apartemos de ser reactivos y críticos. Que agachemos la cabeza y mejor no hablemos cuando no estamos de acuerdo. Es lo que antiguamente se nos decía: que tuviéramos paciencia, que el tiempo arreglaría todo, que tuviéramos respeto por la autoridad fuera la que fuera y como fuera.

Poco a poco la masa fue despertando, el vulgo se fue educando, el pueblo se fue levantando y el esclavismo fue evaporándose. - No digo despareciendo, porque aún subsiste, agazapado en otras formas laborales y estatales-.

Desde que los dirigentes inventaron las leyes, las órdenes reales, los imperios y las formas distintas de gobierno, sea representativo de la voluntad popular o despótico, la masa, el pueblo ha debido replegarse hacia la periferia y soportar que la dirigencia se siente y disfrute de los mejores puestos y manjares. Y los gobiernos se olvidan de las necesidades y de la suerte del "populacho" o gentuza.

Solo quienes tienen el bolsillo lleno desde su cuna, quienes tienen el poder de acceder a las bondades de ir a una universidad extranjera a costa del erario, parece que pudieran hablar y ser oídos.

El pueblo tendrá que validar a los dirigentes para que ocupen curules en el Congreso, las Asambleas, los Concejos, las Alcaldías. Su voto será necesario para llegar a esas posiciones a cambio de un plato de lentejas, de un subsidio irrisorio, casi de un soborno. Y el pueblo tendrá que seguir callando su miseria, su suerte, su casta innoble, su origen humilde. No podrá entrar a Palacio, obtener una entrevista, pedir una cita, conversar con un alto señor del Estado o del cielo. Su palabra no vale, su presencia será vista como una insolencia. Su protesta será considerada infiltrada, como como un desafuero o será tildada de insurgente.

Para que haya democracia, para que se le haga caso a la voluntad y a las necesidades del pueblo, de los mil y más municipios olvidados, sin carreteras pavimentadas, sin acueducto, sin vías terciarias por donde sacar los productos del campo, necesitamos ser menos asertivos, pacientes, comprensivos.

Necesitamos ser más atrevidos, más críticos, cuestionar más a nuestros gobernantes. Cercanos y lejanos. Debemos dejar el miedo, como el que tenían los esclavos, los negros, los niños de antes a sus padres y maestros. Para eso la vida nos ha dado lengua, intestinos, cerebro, voz en la garganta y manos no para aplaudir al que viene en helicóptero o en carro blindado sino para batir la cuchara contra la cacerola.

Crítica viene de grito, de rabia, de impaciencia de que se nos diga siempre que se cumplirán las promesas. La crítica y el grito salen de seres humanos que sufren, que merecen ser oídos porque somos parte de una Nación civilizada que se llama democrática, justa y próspera y que reparte millonadas a gentes que solo legislan para su propio provecho.

En Más por más

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.