Edición 368

Tortugas al agua

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No es el rastro en la playa de una oruga, -lo que aparece en la foto que nos trae El Tiempo-, de esas que abren boquetes y destrozan el ambiente. Ni un ejemplar de juguete de esos que tienen los niños o vendedores inescrupulosos en sus casas y trampas. Es una tortuga, señora y madre de nuestras playas de Acandí, en Chocó. Una población escondida y poblada de indígenas Kunas y cholos, de que la estoy oyendo desde mis años mozos. Su condición cultural es la misma: el olvido nacional.

Tortugas al aguaChocó es un Departamento, con mayúscula. Por su pobreza secular, por sus selvas diezmadas ya por la tala a gran escala, por su variedad en pesca y su fauna y flora, por sus ríos, por su oro y por el abandono reincidente de los gobiernos de turno.

No es un apartheid aunque parece que lo fuera. Todos quieren su riqueza, pero la pobreza de su gente no les importa. Son tratados como niños esclavos que se compran por espejos y la cara del Tío Tom.

Alcaldes, parlamentarios han ido a la cárcel por saquear su erario y medrar para su bolsillo. Han nacido en esa tierra, experimentado el descuido de gobiernos sucesivos, han mordido el hambre, han caminado descalzos, pero la experiencia propia no les alcanza para hacer algo por la redención de su pueblo.

Solo los animales, como esta tortuga gigante, que bien luce semejante a una locomotora moderna o a un monstruo antediluviano, han acompañado siempre a estas gentes sin historia brillante. Ni los misioneros con su vocación las han librado del yugo de la servidumbre o esclavitud. A ellos los tienen sometidos traficantes nacionales y foráneos que les arrancan sus riquezas naturales a cambio de su mano de obra barata y unos cuantos billetes que los mantienen atados.

Colombia es rica, mírese por donde se mire. Sea en Chocó, Guajira, Nariño, Cauca, Putumayo o San Andrés. A nadie le cabe duda y la propaganda de las agencias de viajes lo dice a los cuatro vientos. Capurganá, Coveñas, Mompós, la ensenada de Utría, el Parque Nacional Katío, Bahía Solano, Nuquí con sus potrillos para surfear, o los rápidos del San Juan o la fuerza del Atrato. Allá, aún ahora, cabalgan los ríos y no se han dejado colear.

No quisiera decir mucho de la belleza que perdura en la negra Chocó. Región resistente al óxido, al sol y al agua. Tierra de niñas con chakiras, de palmeras con paso de emperatriz y cara de Selena en la noche. Porque decir riqueza es tocar una cuerda fina en Colombia y hay muchos cowboys que quieren venir a explotar en donde huelan a Dorado con sus sierras, sus botes rápidos y sus euros y dolarcillos.

Ah, Tortuga, Playón-Playona, nombre sonoro que se empieza a oír en Acandí. Dice el reporte que será área marina protegida, como Santurbán, Tayrona, San Andrés o en Neguange, o Sierra Nevada. Allí irán inversionistas, construirán y navegarán y explotarán a sus habitantes que tendrán que buscar cobijo en otros lugares. Así es esta Patria querida. De nada valdrá tener esta caparazón Acandí. Pasará lo que en Guatapé o en Isagén. Ahora la Tortuga se echará al agua y su territorio se convierte en mina de divisas administrado por gente extraña.

Fotografía tomada de El Timepo

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