Edición 368

Johanna la loca

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Su mirada al momento de ser llevada esposada por hombres y mujeres del Gaula a la audiencia judicial, luego de confesar su crimen, es de una mujer perturbada, desconectada de la realidad, y que poco a poco empieza su  despertar.

Johanna Macías, de 24 años de edad pasó a la historia por ser la mujer, una más que lo hace en Colombia y el único caso entre mil mundiales, de madres que asesinan a sus pequeños hijos, algo que los expertos llaman “filicidio”.

La profesora de un colegio gerenciado por monjas en Piedecuesta, departamento de Santander se encuentra ahora en medio de una disputa legal, aconsejada por su abogado, para que la pena sea menor. Ella, entre tantas mentiras que ha dicho, insiste en que no mató al niño. Sin duda el abogado busca que se considere una conducta “preterintencional”, y no dolosa, en el crimen, dicho en cristiano, que cometió un error por causas mentales, dolorosas y sin culpa, y no premeditamente, con dolo, de aposta.

La diferencia jurídica es de 20 a 30 años de cárcel. Mientras con el primer cargo puede purgar condena de 10 o más años, que con rebajas y confesión puede bajar a cinco, con el segundo, se le puede meter la máxima que son 40 años tras las rejas.

Y aquí volvemos a la misma balada de siempre, la del fracaso de un sistema judicial inepto, que libera a asesinos en serie como los paramilitares o narcotraficantes como el tal “indio” o el “tuso” Sierra, vinculados con el ex fiscal Guillermo León Valencia, hermano del ministro del interior y justicia (¿?) Fabio Valencia, quien metió sus manos de manzanillo político y presionó hasta que  logró su libertad.

Un sistema fracasado que a los sindicados que pueblan las cárceles colombianas, pasan años y décadas antes de resolver su situación judicial, muchas veces, errores que les costaron sus vidas tras las rejas.

Independientemente de la condena que sufra, esta mujer es el fiel reflejo de una sociedad enferma como la colombiana: que mata en forma violenta a dos niños cada día en Colombia, según el informe Forensis de Medicina Legal, que viola y abusa sexualmente de dos de cada 5 niños y de 3 de cada 5 mujeres. Y así podríamos seguir, mencionando las cosas sucias que pasan, y que como sociedad olvidamos y nos hacemos los locos; o preferimos elegir a la “Seguridad Democrática”, como si este abismo de horror contra niños y mujeres no ameritara tales medidas seguras, como inversión en educación, en salud mental, en trabajo. No, de eso no se habla, ni se escribe, ni se publica. Los medios de comunicación sólo publican casos aislados, como del de Joana, que, alarmantemente, se repiten en cuatro departamentos colombianos con una frecuencia inusitada. Así pasó con el del niño Luis Santiago Pelayo y el monstruo que se dice papá, que lo secuestró y asesinó. Es triste que Santander, Tolima, Cundinamarca y Risaralda, sufran este
problema que hace rato debió recibir la declaratoria de enfermedad mental y ser un tema de salubridad pública. Ningún medio, tampoco, ha ahondado en el tema.

¿Y luego? ¿Cuál es el próximo Esteban o Luis Santiago? ¿Cuántos santiagos y estébanes están siendo asesinados en este momento, o violados, o maltratados? Y volveremos, en unos meses,  a nuestro cortoplacismo mental, hasta que se olvida, y luego surge con otro caso peor. Y así andamos, de tumbo en tumbo, sin norte, sin seguridad, y lo que más duele, sin sentido común como pueblo, como nación  ¡Qué tristeza!

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro y por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.