Edición 375

El nivel de agua no llega hasta el estómago

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Los colombianos no salen de su asombro. Apenas el jueves 24 de julio, el Consejo de Ministros se reunió para hablar del fenómeno del Niño. El IDEAM seguramente se había excedido en los cálculos e informaciones sobre el nivel de los embalses en Colombia. Había dicho hace unas pocas semanas que estaba sobre el 70 por ciento. O sea, que tapaba casi hasta el cuello.

El nivel de agua no llega hasta el estómagoHoy las noticias dicen que en la Costa Atlántica el nivel es del 10 por ciento. Mucho trecho de equivocación. Ayer se dijo que no habrá racionamiento y hoy el Ministro de Vivienda dice que se están entregando pozos en La Guajira y que seguirá en este empeño. El Presidente lanzó una de sus famosas frases destempladas. No podemos hacer que llueva.

Lo cierto es que Colombia aún tiene con qué afrontar esta y otras sequías que se ciernen sobre nuestro devastado territorio. Son muchos los daños que el gobierno ha permitido que ocurran para que este fenómeno nos ponga los pelos de punta. Tanta deforestación con licencias otorgadas, tanto descuido en el control de talas indiscriminadas, tanta explotación de minas y de petróleo con métodos que destruyen las condiciones para que el agua yacente en cerros y nevados y páramos y humedales estén acabando con nuestras fuentes hídricas.

Y el Gobierno no solo se muestra indolente sino que lo permite desde el Ministerio del Ambiente, el IGAC, la Agencia de Hidrocarburos y Minminas. Nuestro río tutelar el Magdalena se ha visto disminuido desde su nacimiento con licencias ambientales para explotación minera y en su cauce se ha desviado su curso para instalar fuentes de energía en el Huila y el Tolima, como todo colombiano lo observa impotente.

Los daños en la zona de reserva mundial del Amazonas, desde Casanare hasta Putumayo y Cauca, son inmensos. No solo la guerrilla la ha devastado para sus corredores y plantaciones sino que es una selva de nadie que poco a poco se ha ido quedando calva. En el Chocó, es sabido que desde hace tiempo se permite la tala a gran escala de lo que fue un territorio de lluvias perpetuas y anchos ríos. La naturaleza fue generosa en agua para nuestro suelo pero su Ambiente se ha despreciado y vendido por platos de lentejas a extranjeros que dejan unos míseros centavos de regalías.

¿Hasta dónde va a llegar tamaña osadía de dilapidar el patrimonio más sagrado para la vida de los colombianos? Ni alcaldes, ni gobernadores, ni el gobierno central desde Bogotá y seccionales frenan estos despojos que a diario vemos en la inútil represa de Betania o El Quimbo, La Golosa, los túneles, y ahora con la maxipropuesta de Pacific Rubiales. Todo hacía sospechar que el patrocinio a familiares de nuestra Selección a Brasil y su aparición en los medios era una zanahoria para aspirar a la renovación de un contrato en caliente, peligroso e inflado en resultados.

El nivel de los embalses es precario y el gobierno es consciente de que el Niño aún no llega y su punto crítico será a fin de año y comienzo del otro. ¿Seguiremos vendiendo a otros países el agua para suministrar energía en desmedro de la salud, el estómago y la dignidad propia? ¿Seguirán otorgándose y prolongándose las licencias ambientales laxas a consorcios extranjeros, forestales y el sacrificio de nuestros ríos, flora, fauna y selva centenarios que nos surten de humedad y agua?

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*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.