Edición 367

La sonrisa del jabalí

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La sonrisa es el gesto por excelencia de los humanos para expresar su agrado ante una situación o recibir a una persona nueva en su círculo de conocidos.

Cuando lo hacen dan a conocer si son de fiar o de fácil acceso a su trato. Consiste en arquear suavemente los labios para dejar casi ver la línea de sus dientes. Es el primer paso al saludo y es un signo de cercanía y buen humor. Aunque sea por un instante, de inmediato quien lo mira comprende que puede dar el paso siguiente. Si no aparece la señal, habrá que dar un rodeo y darse vuelta en el intento.

El jabalí es un ejemplar de la fauna silvestre, muy común en nuestras montañas y selvas. Es parecido a un cerdo o marrano como se le apoda por sus maneras de vivir, comer y expresarse. En regiones como el Huila se le llama lechón o chancho porque es un manjar exquisito cuando se le sirve en un plato en las fiestas de San Pedro o en diciembre. Para poderlo preparar y más tarde adobar habrá que hervirlo, quitarle las púas, y bañarlo en hierbas finas hasta llevarlo al horno y cocerlo.

Lo anterior para introducirnos en la personalidad del sujeto del que estamos analizando la calidad de su sonrisa.

Digo, hasta donde se puede llamar sonrisa. Porque es muy difícil hallar un jabalí sonriendo. Parecen cualquier senador o ministro con terno negro y corbatín ajustado a punto de entrar a negociar un acuerdo en el salón de Gobierno. Pone su cara seria y todo parecería que es solemne. Huele a perfume de un pino que se le enredó en el camino. Nunca se diría que fuera a abrir su boca. Hasta que debe esbozar una sonrisa.

Ustedes imaginarán la sonrisa de un jabalí. Con orejas bastante salientes, cejas hirsutas, boca larga y expedita, lengua igual y sedienta, su vestido de cerdas brillantes, patas recién bañadas cuando viene al mercado a la venta y su boca casi sellada. Pero debe mostrar sus modales ante el público y los dueños de la fiesta deben exigirle que abra la boca e intente una sonrisa para animar a sus oyentes. Que no sospechen de su mal genio cuando está en su ambiente al natural. Eso sería fatal en una negociación.

Cuando el jabalí llega a una plaza siente que su estómago le hierve de miedo. No puede mostrar sus dientes ni su panza regordeta. Debe mostrarse muy civilizado. Antes de hablar debe pensar que sus palabras no pueden sonar como un gruñido, como cuando está entre sus congéneres. Sin embargo, también el jabalí tuvo que leer a Carreño. Antes de llegar a manteles debe ser muy cauto y no ir a mostrar sus pezuñas.

Ha llegado la hora peligrosa de abrir la boca y entreabrir sus labios gruesos que guardan sus caninos letales. El jabalí tiene que saber que esta es su hora de triunfo o que conozcan de una vez qué es lo que hay en su interior que delaten su género y prosapia.

No digo, qué es lo que sucede cuando el jabalí hace el esfuerzo por sonreír para el público. Pone a prueba su vida pública y sale con una carcajada que más parece un gruñido y le cede la palabra al alcalde.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.