Edición 375

¿Qué difiere un poema de hombre al de mujer?

PDFImprimirCorreo electrónico

El lenguaje, se ha dicho por antropólogos y lingüistas, se ha confeccionado por hombres. El hombre siempre ha prevalecido por sobre la mujer desde el cuento del paraíso. Y fue un hombre con espada quien lanzó a la pareja desnuda fuera de ese sitio de placer y ciencia.

El hombre descubrió el fuego frotando dos leños amarrados con un punzón. Sólo los hombres, valientes o forzados por las circunstancias salieron en expediciones a regiones lejanas a descubrir continentes y fundar ciudades. Solo los hombres aparecen en las grandes coyunturas de la historia alzando su brazo como conquistadores, héroes, ogros, inventores, poetas o asesinos.

La mujer, una vez pasada la Revolución francesa y pasado el período de la Ilustración, ha subido a la palestra, ha ido a las universidades y ha mostrado en gestas industriales su valor y ha conseguido tener un puesto de honor frente del hombre, - todavía no al lado -. Ya puede votar y candidatizarse en elecciones, ser presidenta, estudiar en la universidad, enrolarse en el ejército y, tan solo ahora, organizar grupos de poesía y ser invitada a recitales que siempre fueron propiedad privada de los hombres.

El cura, el alcalde, los maestros, los militares siempre fueron jefes de grupo y las autoridades los nombraban para cargos de importancia. A la mujer no la tuvieron en su baraja. Solamente era un objeto de deseo, de decoración en un desfile o la compañera de los hombres para mostrar su don de mando y hombría en las ceremonias oficiales.

En Cali existe un monumento a los hombres poetas que hace patente esta costumbre machista de reconocerlos como únicos sucesores en el Valle del Cauca de Homero, Virgilio, Dante, Goethe o Vallejo o Neruda. Las estatuas que los recuerdan fueron ejecutadas por el artista José Antonio Moreno y el alcalde que lo inauguró en 1995 fue Mauricio Guzmán Cuevas.

Y no es porque no hayan existido mujeres de oro macizo en la poesía en esta región de Isaacs y de Gamboa y de Antonio Llanos. Ahí están de pie y erguidas, Mariela del Nilo de Palmira, Gloria Cepeda Vargas de Cali, Margarita Gamboa, Amparo Marín, Carmen Elena Aguilar, Amparo Romero Vásquez, Orietta Lozano, Ana Milena Puerta, para nombrar algunas. Su pluma, premios y su lírica son su carta de presentación.

Quien lea, examine y pondere la poesía de cada una de estas mujeres podrá convencerse de que no admite duda la calidad, brillo y factura y en nada desmerecen estar al lado y a la par de cualquiera de nuestros mejores exponentes masculinos.

La poetas y académicas Carmiña Navia y Elizabeth Marín de la Universidad del Valle y otras mujeres poetas están solicitando que en el Parque, al lado de los cuatro bardos vallecaucanos, haya también representación de la mujer poeta. Nada más justo y oportuno ahora que el Parque ha sido rescatado del olvido por otra mujer valerosa. ¿Hasta cuándo hombres de piedra o bronce seguirán ufanándose de detentar el poder y los honores sobre la Poesía?

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.