Edición 354

Origen histórico y literario del villancico

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Soy un niño salvaje,
Inocente, libre, silvestre,
tengo todas las edades,
mis abuelos viven en mi…
Niño salvaje. Canto ancestral indígena*

 

Cantar villancicos en Colombia no se hace sino en época de Navidad junto al pesebre casero lleno de luces y estrellas que titilan en la sala. Por eso saben a buñuelo, a natilla y traen visitas de familiares y regalos de aguinaldo. Es una tradición ya colombiana que nos dejaron los Yáñez, Pinzón, Quesada cuando vinieron de Génova, Cádiz y Palos de Moguer.

Dentro del nuevo esquema de trabajo el grupo literario de Cali, Jueves de Centenario, presentó hace días un recuento de la aparición de ese género musical que hoy se llama villancico. El acto se cumplió en la terraza "El Charco del Burro" de la Biblioteca del Centenario con asistencia de invitados con tarea.

Gloria María Medina, discípula de los maestros Enrique Buenaventura, Tomás Quintero y Guillermo Alberto Arévalo, dirigió la tertulia sobre tema tan interesante.

Realizó un recorrido por las tierras montañosas de Asís en donde nació la historia del pesebre. Luego pasó a España para explicar con gracia y picardía cómo fueron los campesinos y pastores quienes compusieron en sus ratos de ocio canciones jocosas en torno a su oficio y al ambiente rural.

Fueron las canciones villanescas o de villanos con temas alegres de sus amores sencillos con sus regalos a sus damas el origen que luego retomaron los eruditos y clérigos cuando apenas comenzaban las universidades. Eran los tiempos medievales con castillos, minifundios de los señores con sus vasallos y campesinos con vacadas y rebaños, siembras de hortalizas y vides. Valía más un buey que un vasallo feudal que se intercambiaba por ocho bous.

Gloria María Medina:

Juan del Encina, el maestro más famoso, encarna la historia más verídica del villancico por ser el poeta, teatrero y músico del que se conservan libros y copias de las composiciones que compuso. Poco a poco se fueron adaptando estas canciones villanas por los clérigos a las ceremonias religiosas y apareció el villancico que hoy conocemos y cantamos. En él se conserva un dejo triste y sencillo, popular y de herencia rural.

La gestora Alexandra Walter leyó una canción villanesca y luego todos los contertulios leímos otra en coro - algo que antes se hacía con mucha frecuencia -. También hubo lugar para que el joven músico Sebastián Orejuela interpretara en la guitarra una canción de origen indígena.*

Al calor de un café literario con palitos de queso pasó esta segunda sesión de Jueves de Centenario que ha tomado la modalidad de tertulia compartida, con previa escogencia de tema y aportes de los invitados. En las dos reuniones ha habido historia, relato de anécdotas de los autores y datos históricos un poco desconocidos.

Esta nueva modalidad ha traído un refresco y un volver a aquellas Tertulias famosas de la época de Tomás Rueda Vargas, del Mosaico y del Buen Gusto en casa de doña Soledad Acosta de Samper o La Eutropélica en los tiempos de Manuel del Socorro Rodríguez, organizador del primer periódico en nuestro suelo.

Juan del Encina:

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.