Edición 354

Unas moneditas: cruel imagen del empleo y el salario

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De nada ha servido la existencia de sindicatos en Colombia que respalden al trabajador. Simplemente no hubo puja por conseguir una nivelación en el alza denigrante del llamado salario mínimo. Ahora que comienza el año, valdrá el esfuerzo de repensar la otrora utilidad de ese mecanismo del poder obrero.

Una pequeña migaja han dejado caer de su mesa los epulones que hay detrás de las cooperativas y bolsas de empleo. A ellos no se les caído un pelo de su bisoñé y el minhacienda quedó como un rey con la pantomima de su cacareada reforma.

El Congreso, o sea, los senadores y los representantes no tuvieron ni un ni un no. A ellos no les importa la suerte de quienes producen la riqueza con la fuerza de su trabajo y la suerte de la familia colombiana. El equilibrio de poderes solo opera para ver quién gana cuando se trata de elecciones generales o de ver cómo quedan sus dietas y pensiones.

El empleo pleno, digno, decente, la seguridad social no está en la agenda de ningún estamento del Estado. Eso queda en manos de la libre competencia del mercado. Ya no es seguridad social sino personal. Cada trabajador paga su seguridad. Todo el esfuerzo de los constituyentes del 91 quedó en la letra muerta que unas comisiones pensaron.

Poco a poco la ley 50, la ley 100 y los decretos presidenciales y los fatídicos TLC han acabado con la agricultura, la industria y las formas de contratar mano de obra en Colombia.

Los sindicatos han sido otros espectadores más del despojo de las conquistas que costaron muertes de líderes y grandes jornadas de huelgas en épocas no tan lejanas. Sus dirigentes luchan hoy en guerras intestinas dentro de la organización sindical por acaparar los puestos de dirección y recoger las cotizaciones de sus afiliados para sus viajes, viáticos, convenciones y prebendas.

Las condiciones del trabajador en Colombia cada día son más lamentables. Más se recortan sus derechos, menos oferta hay porque los capitales se han fugado y el mercado es netamente comercial en manos de multinacionales. A ellos se les ofrece mano de obra barata por venir a Colombia a vender sus productos en calles y almacenes de cadena. Por algo el Papa ha llamado a estas prácticas un nuevo esclavismo.

La condición de la mujer para salir a trabajar es precaria. No hay suficiente fuerza capacitada y la remuneración es menor que la de los hombres. Cada quien que es contratado y debe pagar su EPS y su pensión pues las leyes laborales se obvian y burlan. Ya no existe ley laboral que se cumpla y garantice unos derechos. ¿En dónde y de qué lado estaban los sindicalistas que no supieron a qué horas pasó este despojo?

Apague y vámonos, dijo el de marras al ver semejante descalabro laboral. El llamado salario mínimo no es salario laboral. Es un simple contrato civil disfrazado. El Ministerio de Trabajo y Seguridad Social es un elefante blanco sin funciones, lo mismo que los sindicatos. Lástima que el trabajo se prostituyó en manos de Angelino, Pardo, Garzón y en cuatro o diez congresistas que nunca se dieron cuenta, pese a los votos que los respaldaron.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.