Edición 353

La risueña dama de las cinco joyas

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A su casa nos envió la poeta Claudia Bedoya y llegamos hasta ahí un jueves cuando ya caía el día. Salió de su recámara algo resfriada y parecía, envuelta en su vestido, una dama sacada de una pintura de Degas o Renoir. Sus cabellos blancos, su andar pausado, el ambiente distinguido de su entorno y el tono suave de su voz salía cristalino, a pesar de su molestia gripal.

De su personalidad nada sabíamos, pero desde el saludo dejó ver, a flor de piel, gentileza y dulzura en su presentación y recato en todo su ser. Ningún rastro de ostentación en si misma ni en su casa de habitación que luce sobria, con adornos discretos y delicados sobre muebles, mesas y paredes. En una esquina, en su pajarera bien cuidada estaba Pim-pím,* un canario brioso que abría su pico para anunciar su nombre.

Por tres días gozamos de su compañía, su paciencia y su exquisita conversación. Resultó hermana de un amigo -ya fallecido- de grata recordación. Normalista superior, graduada en artes decorativas, recién estaba tejiendo cuando timbramos en el portal de su estancia que una losa blanca adorna con el título Casa de Ana.

Doña Rubiela Arias Ocampo es raizal de Salento y cuando pasea por sus calles o entra a una tienda muchas manos se alargan hasta ella para mostrarle su afecto. De mirada transparente y diálogo sencillo la vida pasa para ella en medio de sus flores que no envejecen merced a su cuidado. Se despierta con la voz de su gallo pero vuelve a conciliar el sueño hasta que don Leo pasa y por la ventana le ofrece arepas o tamales. Lee el periódico, ve Sábados felices y es feliz como su canario que ya se acostumbró a su pajarera blanca.

Doña Rubiela es una dama risueña que tiene cinco amores para sus cinco joyas que la acompañan. Lucho, su gato se vuelve un volswagen con motor mimoso cuando la roza al pasar y merodea inútil por la calle buscando ratones. Lila, su perrita es obediente y callada y la acompaña tomada de su falda. Al llegar las 6:30 p.m. el gallo hace una seña y su ama lo conduce con su novia hasta el frente de su gallinero bajo el techo arriba de la biblioteca. Sube primero él, invita a la gallinita negra a que inicie el vuelo y él le pasa el ala para que no tropiece y llegue sin esfuerzo al borde del dormidero donde pasan arrunchados la noche.

Pimpim siempre viste de amarillo, se asea en la bañera dentro de su tabernáculo y por la noche duerme bajo carpa para que la luz de la Luna no le entre a los ojos. En la mañana doña Rubiela le quita el velo negro y la saluda con su pio-pío. A partir de nuestra visita, nos ha confesado ella, le gustó entrometerse en la conversación y de cuando en cuando interrumpe el diálogo para lucirse en concierto y se olvida de su corto pío-pío.

* Pim-pim en su pajarera: 

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.