Edición 374

Queremos rock por siempre

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Estamos en medio de la cita. Escribiendo estas palabras como todos los años y haciendo votos para que el festival gratuito roquero más grande de Latinoamérica que llegó a su versión número 21, siga por otras 50 versiones más. Quién sabe.

Ahora que viene un nuevo cambio en la administración distrital y en medio de una campaña que no ha comenzado aún con toda su sarta de improperios, suciedades, corrupciones, compra-venta de votos por parte de ediles, concejales y candidatos, la pregunta sobre el futuro del festival es consecuente.

Han sido 21 años que han trascendido lo peor, pero real de nuestra politiquería. La continuidad del festival estuvo amenazada en algún momento por un alcalde -que hoy es de nuevo candidato- y ante la presión mediática y de la escena se pudo salvar, para luego de su administración de bolardos y moños de Navidad se estableciera como política pública, quedando blindada así de conceptos culturales diferentes y retrógrados que excluyen a quien piense, vista, se exprese de otra manera.

Hemos madurado (no uso la otra palabra, porque viejo es el de la mente) con Rock al Parque. Hemos asistido como espectadores desde la prehistoria en la Media Torta, a las primeras chichoneras y uno que otro pogo sincero, donde hasta los árboles temblaban, por ejemplo, al ritmo de Verdum, de Neurosis.

Pasamos del estigma y de la requisa quitándonos los zapatos, como sucedió en una versión tamizada por la inseguridad democrática, hasta la tranquilidad de llegar a espacios cada vez más confortables, donde hay comida, bebida caliente para estos aguaceros y donde se respira a cada palmo el espíritu del festival: la tolerancia, el compartir con el punketo, el hardcorero, metalero, o el amante del Ska y el reggae. En fin: todos roqueros gozando cada banda, cada músico, cada espacio, con el parche de parceros, o en parejitas.

Ahora, hemos cubierto con Buque de Papel, ocho festivales en forma consecutiva. Ya es nuestra casa periodística y nos afanamos por cuidar este patrimonio cultural. Nos inquietan los cambios de último momento y los brotes de desorganización, pero defendemos a ultranza y reconocemos el esfuerzo y el trabajo que se hace todo un año para llegar, no a la culminación de un proceso, de una labor, pero sí el examen final donde se rinde y se pasa. Como decía Ronaldiño en el fútbol: la idea es gozársela siempre.

Mis hijos aún están pequeños para acompañarnos al parque. Pero si todos defendemos este espacio ganado por el mundo del rock, a pulso, con seguridad asistirán en su tiempo a un festival donde espero la seguridad que se respira, el buen ambiente que se ve, nos dejarán tranquilos como padres, y especialmente como amantes de la música y de la tolerancia.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.