Edición 364

Las quimeras seducen hoy todavía

PDFImprimirCorreo electrónico

¿Alguien no ha soñado en su vida realizar algo grandioso -pero al fin, imposible -, o no vive sumido en la ilusión de conquistar una meta para la que no tiene agallas? Hay deseos intensos que avasallan, que llaman desde la fantasía y no dejan descansar en esfuerzos inútiles que están fuera del alcance de quien da rienda suelta a quimeras.

La quimera fue un ser mitológico forjado por la imaginación que tenía formas híbridas de varios animales y atrajo la atención en épocas pasadas ya milenarias. Hijo de Tifón, tenía cabeza de león, cuerpo de cabra y cola de dragón. Por supuesto, esta figura fabulosa cautivaba la admiración y curiosidad por las características y propiedades que acumulaba de cada uno de los tres animales.

La leyenda de su ser llegó hasta nosotros y hoy se aplica para decir que algún proyecto o esquema de vida es tan complejo y lleno de escollos imposibles de superar que parece ese animal híbrido que nunca llegó a existir sino en el imaginario de sus creadores. Este monstruo asolaba las praderas y los montes y devoraba el ganado, hasta que Belerofonte logró darle muerte quemando su garganta y órganos con la punta ardiente de su lanza.

Sin embargo, hoy aún las quimeras parecen existir y seducen a muchos. Fabrican empresas en su mente, invierten tiempo, dinero y cansancios, noches en vela, meten a amigos y parentela en sus componendas quiméricas hasta que por fin terminan de manera infeliz.

Esta lucha del capitalismo salvaje y el neoliberalismo nos han incitado a lo que se llama emprendimiento a toda costa. La mezcla de dinero fácil, las pirámides con ganancias enormes, los viajes rápidos y lejanos, el comercio internacional a través de Internet, son formas para fabricar las quimeras modernas.

El trabajo honesto, la ganancia decente, el negocio lícito, el lucro dentro de la limpia competencia de los mercados se han pervertido. Han ido degenerando por las monstruosas ganancias que desangran el erario de naciones y empobrecen a los de abajo, como retrató en su libro el mexicano Azuela. Hoy nadie quiere trabajar sin sacar coimas o intermediaciones codiciosas.

Los negocios ya tienen un bolsillo en el trasfondo, un otrosí en el contrato o convenio, una adición y sobrecosto, un retardo de más para decir que los costos variaron. Hoy la quimera tiene barbas de cabra, cola de dragón, melena de león y zarpa de lobo. Pero todo quiere aparecer como lícito y dentro del juego de la oferta y la demanda.

No vale estudiar en la universidad. La astucia, la doble moral, el portillo abierto en la ley, es el nuevo monstruo, la quimera en la que todos quieren montar y que nadie puede atajar.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.