Edición 353

La visión del futuro en la educación

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El antropólogo Marc Augé acaba de reflexionar sobre los hitos que proponen los gobiernos al joven de hoy, en sus programas de educación. Hace énfasis en que las sociedades, al parecer, han perdido el rumbo, como aviones en emergencia. Por preocuparse de la productividad y la ganancia en la globalización campante, han descuidado la preparación de los jóvenes para la próxima nueva ola, como lo dijo Alvin Tofler hace tres quinquenios.

El mundo de hoy es el de la primacía del conocimiento, se dijo. Conocimiento tecnológico, mediático, de comunicaciones y mercados abiertos con los nuevos TLC. El mundo dio media vuelta y quedaron obsoletos muchos mercados e instrumentos, como revistas, aparatos de bolsillo y utensilios caseros. El joven se abalanzó sobre las nuevas tecnologías y robótica y se prendó tanto de ese paradigma, como de un nuevo Pigmalión negativo.

Los estándares robotizados en que metió el Ministerio de Educación desde hace más de dos décadas en los programas de bachillerato importados de culturas extranjeras con campus laborales distintos y economías y laboratorios y edificaciones adaptadas a esos cánones, no han dado los frutos ofrecidos. Las bajas evaluaciones lo están diciendo y la desorientación de la juventud lo pregona en vivo y en directo.

¿Para qué clase de sociedad está formando e invirtiendo nuestro gobierno? ¿Saber inglés, hacer intercambios escolares será la solución?

El perfil de nuestra patria heredado de nuestros antepasados, - mezcla de ciudades autosuficientes, pueblos aislados y olvidados, agricultura de azadón, arado y ruana -, era el viejo paradigma. ¿Por cuál se quiere cambiar ahora?

Economía estable, industria nacional insertada en las nuevas tecnologías, fuerte asesoría a la modernización de los viejos cuños en nuestros campos. Para eso debería pensarse ahora que se está predicando la inyección en la Educación, con mayúscula.

Esas nuevas concepciones no han llegado a las universidades. No hay mentalidad de buscar esos rumbos. Las facultades de educación siguen los mismos parámetros de hace 50 años cuando nacieron. Siguen las clases magistrales, los mismos currículos con nombres distintos. Los maestros siguen hablando y gesticulando frente al tablero. No manejan las nuevas tecnologías en clase y son superados en ello por sus alumnos. Ya no son los guías que van adelante.

Los maestros no leen, no intentan salir del marasmo de las viejas instituciones, no están conectados con los grandes problemas económicos, agrícolas, tecnológicos, comunitarios. Son agentes oficiales del régimen caduco y paquidérmico. No están en sintonía con los problemas que se ciernen aquí en América, en Europa, Asia y África, aunque estamos viviendo en una sociedad global hace bastante tiempo. No se sienten comprometidos con lo que pasa aquí en los campos de azúcar, en los ríos y en los nevados.

¿Para dónde va el rebaño de jóvenes con su celular entre el cuaderno? ¿Para dónde mira el maestro que no cree en la tecnología y no se pregunta cómo será el futuro de sus alumnos?

Un profesor de danza en un museo:

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.