Edición 359

Año nuevo vista nueva

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Comienza un año crucial para la vida de cada una de los habitantes de este planeta. A todos nos interesa la suerte de la Tierra. Podrán lucir más brillantes las estrellas, progresarán los esfuerzos por llegar a Marte y a la Luna, pero al raso homo sapiens sobre el globo, - menos agua vital y tierra herida -, le interesa su libre respiración, su alimento saludable y su salud a salvo.

Importante es para la ciencia y la tecnología saber que otros planetas están cada vez más cerca de nuestra óptica. Ni sabemos si existe vida o la clase de seres y de elementos que allí broten. Nada sabemos de su historia o si hubo paraísos o infiernos o si habrá deidades como Zeus o como Neptuno o Aries. De aquí tenemos suficiente información y no es tan buena la que nos espera.

Cada vez nuestro aire está más contaminado, nuestras riquezas naturales son socavadas de su nicho donde por siglos nos han acompañado. Ciudades enteras y países están amenazados de espesas nubes de contaminación ambiental. Santiago de Chile, México D.F., algunas capitales en China deben soportar casi la oscuridad a causa de los gases que exhalan procesos industriales en sus países.

Los países pequeños y grandes se han reunido en Kioto, Brasil, Cartagena, Canadá, para llegar a acuerdos para mitigar y proteger las reservas ambientales como las colombianas en las selvas del Chocó, Putumayo, la Amazonía y a lo largo de nuestros ríos Magdalena, Orinoco y Cauca y sus afluentes.

El hombre más o menos sensato y del común tiene una preocupación inicial en el fondo de su ser. ¿Cuánto durará este planeta al ritmo de polución, desgreño y atentados contra la Naturaleza por parte de gobiernos y empresas de producción extractiva? Aguantarán los magmas bajo tierra, tendrá el globo terráqueo la suficiente energía para autocurarse de tantos estropicios causados por experimentos nucleares, excavaciones, acumulación de sustancias dañinas y desechos industriales y hospitalarios?

Los gobiernos miran desde su óptica la oportunidad de equilibrar sus economías con la extracción de minerales y su venta a países desarrollados. Los industriales mueven sus antenas y retroexcavadoras infernales a lugares exóticos, llenos de magia y riquezas ocultas, para llenar de dólares sus grandes bolsas. Los contratistas se hacen lenguas y untan manos y conciencias para que se unan a sus apetitos sin fondo. Mientras tanto, el campesino inerme ve cómo lo despojan de sus terruños gentes que llegan con amenazas, les quitan su paz y los privan de sus mínimas comodidades. Y los relegan a covachas nuevas, sin paisaje y sin porvenir a la vista.

Ah, realidad de la vida salvaje. El más grande y fiero se adueña del más débil y pequeño. ¿Cuántos años vivió una familia en su predio lejano de la ciudad, acompañada de la tierra amiga, de sus animalitos y frutos naturales sin hacerle daño al territorio ni al paisaje? Y, de pronto, se ven desalojados por una horda de hombres de acero, sin más derecho que sus escudos y la orden suprema de asolar, invadir y poner a llorar a sus legítimos dueños.

¿Seguirá este panorama el próximo año, después del saludo presidencial de feliz año nuevo para un país con una Constitución extraña?

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.