Edición 359

La derecha y la izquierda

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Ser zurdo era un anatema sobre la frente y en la vida. Algunos decían que quienes escribían con la izquierda eran mal nacidos e hijos del diablo. Y ser derecho era la común regla. Qué dice en el renglón es lo que vale. Lo que cuenta es que se entienda. ¿A qué viene la discusión si patea el balón con la izquierda o si piensa distinto a lo que yo veo y analizo?

Ir por el camino de la izquierda puede ser una buena seña para quien pregunta una dirección en la ciudad o en la vereda. O tomar por la derecha puede ser la salvación para alguien que maneja un vehículo en muchas partes del mundo.

Pensar y obrar, según lo dicta la ciencia, el estudio, la disciplina académica y los principios universales, será sano y respetable. No hay un solo camino. Se ha dicho y repetido que todos los caminos llevan a Roma.

Hasta tiempos cercanos en Colombia había dos compartimientos: o se era liberal y se empuñaba la bandera roja o se aprendía a vestir de azul y decir que era conservador. Ser liberal quería decir seguir las ideas de Voltaire, de Bentham, de los librepensadores y amigos de la lucha por los desposeídos. Como Jorge E. Gaitán, el líder de los descamisados. Ser conservador se distinguía por respetar las tradiciones, el orden establecido, la disciplina militar.

El tiempo ha desdibujado estos perfiles. Hoy los dos partidos se han fundido y nadie distingue si el liberal es amigo del pueblo o los conservadores son amigos de la policía, el orden y la etiqueta. El mundo hoy, después de la guerra fría, de los lores británicos y de los káiseres alemanes, de la Revolución francesa de Rousseau y de la Declaración de los Derechos humanos, se ha vuelto más escéptico y menos dogmático. Poco interesa que usted piense más en el Papa que en Marx o en la tercera vía.

Tildar a alguien de ser de izquierda o de derecha es meterse en polémica de poca monta. Nuestros políticos actuales todos son acomodables. Nadie da la vida por un ideal. Tal vez cacaree algún slogan para merecer un premio y para montar un programa, pero hoy nadie es idealista. El político por esencia es pragmático, utilitarista e interesado en causas que le produzcan prebendas y beneficios. De esta verdad nadie se escapa. No es porque sea democrático.

Que si Peñalosa es de derecha y Clara es de izquierda, que si Petro es hijo de Marx y Pardo es rojo o verde. Todos los colores componen nuestro caleidoscopio locombiano. Y al final todos se alumbran a si mismos. No hay mejor o peor color. La verdad no es amarilla ni blanca, ni la paz es verde como la rama de olivo. La Paz tal vez tenga el color del olvido, del perdón, y la vuelta de la espalda después de la entrega de las armas. ¿Que América fue de izquierda y ahora ha recuperado su curso porque entró a engrosar los amigos del Norte y de Europa? Ese será el mayor reconocimiento.

Más información en El País.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.