Edición 353

Qué es la realidad

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Nos quieren acostumbrar los medios de comunicación y el lenguaje ordinario a calificar de "realidad" a todo lo que ocurre a nuestro alrededor cercano. A lo que nos "toca" casi el pellejo. Llamamos realidad a la inseguridad en las calles, la falta de trabajo decente y salarios justos, la atención tan mala en las EPS, la subida de los precios en la canasta familiar, los altos costos en la educación de los hijos.

¿Eso es, en suma, la nuda y sencilla realidad? Tal vez sea una descripción bastante pesimista. Esta sociedad de consumo, de libre juego de la oferta y la demanda, de la inequidad social a que cada vez nos llevan los gobiernos nos han metido en una camisa de fuerza como a locos colombianos.

Por una parte, nos enseñan en las clases de historia patria que nos liberamos del yugo español con armas venezolanas, inglesas y ayudas de Jamaica y ejemplos de San Martín. Nuestras clases de filosofía se fijaron mucho en meternos en la lógica formal y en figuras y moldes metafísicos. No hubo unas tendencias liberalizantes, que hicieran reflexionar, enseñaran a discutir y cuestionar lo que se nos presenta. Nuestra educación ha estado metida en moldes y estándares traídos de culturas extranjeras.

No nos han servido nuestros sociólogos Fals Borda, Camilo Torres, ni pensadoras como María Cano, ni historiadores como Colmenares e investigadores sociales como Arturo Alape. Nos quedamos con la carta del Libertador desde el Chimborazo y el grito de Nariño al español Llorente. No tenemos una identidad filosófica, unos referentes que definan nuestra realidad personal, nacional frente a la globalización. Nos lleva el modelo yanqui de la nariz. Lo que diga Harvard, el MIT y la Bolsa de Nueva York y el precio del dollar.

De nada nos sirvió Aristóteles, Giordano Bruno, Descartes, Locke, Hobbes, Roussseau, Nietzsche, Heidegger, Husserl y la lógica del loco Quijote y el sabio Sancho. Somos unos parroquianos como su burro agachado, seguidores aún de las enseñanzas del padre Astete. Nos santiguamos y persignamos y nos arrodillamos frente a una iglesia. Vivimos en una santa edad media con una nueva inquisición llamada Procuraduría y una escuela medieval llamada Ministerio de Educación.

Nuestra pequeña realidad es la paulina: papá, mamá e hijos, en donde manda el que habla más fuerte y obedece la mujer. Los hijos nada que ver. Ellos ven cómo giran sus padres alrededor de la política y la necesidad de subsistir. La familia colombiana mira cómo la gran familia del Estado: Presidentes, Ministros, Altas Cortes, Justicia, Agencias, Congreso se reparten la torta del ingreso nacional y dejan las migajas para sueldos y salarios, uno de los más bajos de América latina.

Esa es nuestra realidad. No es triste, ni es porque nos ha tocado. Es porque con nuestro voto y nuestro silencio lo hemos permitido y la hemos ido formando año por año. Nos hemos conformado con las migajas que caen del molino de viento del Gobierno ante la boca llena de parlamentarios, Ministros de las 4G, Bancos y gremios seudoindustriales.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.