Edición 371

La muerte por decreto

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El asesinato a sangre fría de Pepe, el hipopótamo fugado de la hacienda Nápoles, del extinto capo Pablo Escobar demuestra que la vida en Colombia vale muy poco, importa un culo, y es menos que nada.

Después del crimen vinieron los asesinatos posteriores, es decir, las justificaciones y excusas de un ministro de Ambiente que está perdido en el mundo y en el mapa, y que recurrió a la vieja frase pilatesca “yo no lo sabía”, que suena al también famoso lema samperista “fue a mis  espaldas”.

Orden hubo para disparar, porque nadie se explica que unos soldados se tomaran la foto frente al trofeo de guerra, y sonriendo, como si estuviesen de safari en África, luego de matar a la gran bestia.

Los campesinos fueron engañados por esas autoridades indolentes, las mismas que planean fumigar con químicos los parques naturales, porque la teoría es que hay que seguir acabando con los bosques, porque así lo hacen los narcotraficantes. Pero no cuentan que hay plata de por medio porque el químico nos lo venden los gringos, ni siquiera lo regalan. La guerra es un negocio ¡quién lo duda!

Eso no lo contaron, que les dijeron a lo labriegos, acostumbrados a convivir con el viejo Pepe, que lo iban a dormir para llevarlo a un zoológico, y terminaron durmiéndolo para siempre.

Y ahora cuando la gente protestó –ojalá hicieran lo mismo con los miles de asesinatos de personas que a diario ocurren, los taxistas, gays, prostitutas, o clientes bancarios; o con el secuestro, pero no de políticos ni gringos- esas mismas autoridades animales comienzan el show televisivo y mediático: que de la noche a la mañana aparecieron los mecenas ecológicos, que aparecieron zoológicos que también tienen hipopótamos en cautiverio, gordos y rozagantes, que los parques de diversiones también quieren meter mano.

Y toda esa sarta de mierda para mostrarse en público y decir que hacen las cosas. Que el Matecaña de Pereira ya dijo que acoge a mamá hipo y a bebé “Hip”, si les dan la plata. Su director ya puso precio incluso: 160 millones de pesos-año. Después, el parque Jaime Duque, en la fría sabana bogotana dice que recibe pero a la cría sola, es decir otro asesinato: destetar a la cría de la madre, algo que es natural, pero que tiene su tiempo y proceso, y en este caso, la selva colombiana –en vías de extinción- no es la selva africana, que ya pasó por eso. Se desteta pero para ir en búsqueda de hembra salvaje como él, para perpetuar la especie. Aquí el cautiverio ya manda.

En fin. Toda una serie de opiniones y babas que se van diluyendo, porque los medios, tan acostumbrados a hacer el escándalo, perdieron hace tiempo, al menos en Colombia, la capacidad del seguimiento informativo, una de las condiciones y características del buen periodismo.

En un año, o cuando vuelvan a matar a otro hipopótamo, volverán a divulgarlo, pero no a recordar lo sucedido. Otro ejemplo de la amnesia histórica y mediática que nos está matando como sociedad.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro y por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.