Edición 353

Un amigo en el más allá, esperándonos

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Yo tengo amigos en el más allá, esperándome, descarnados seres que me darán la bienvenida cuando llegue la hora... es una de las letras del grupo argentino de metal Almafuerte. Y lo uso, canto, tarareo, cada vez que uno de los amigos y compañeros de camino se va de este planeta.

Pasó la semana pasada con la muerte del periodista y experto literario Jorge Consuegra, luego de una enfermedad seria contra la que luchó por más de 4 años con pundonor, con amor, con energía, hasta que su cuerpo decidió parar. No así su espíritu que vivirá en nuestros corazones y recuerdos, pero especialmente en su legado, que no es otro que el de habernos enseñado a amar las letras y a cumplir con los sueños, con disciplina, trabajo duro y mucho, pero mucho amor.

A Jorgito, como le decíamos todos, lo conocí en el mundo de Radionet. Él estuvo en la época de esplendor de la cadena radial 24 horas y se sostuvo hasta en la crisis económica que finalmente motivó la absorción por parte de Caracol Radio. Su sección de libros en radio la construía con la paciencia del artesano, con las novedades literarias del momento, las entrevistas a los escritores afamados o a los desconocidos que estaban arrancando en este bello, pero difícil arte.

Los cafecitos entre boletines de noticias fueron los momentos donde compartíamos de todo, con su chispa, su comentario preciso, su chiste del más fino humor negro bogotano y especialmente su dureza a la hora de fustigar el mal ejercicio del periodismo, el divismo de los colegas que se creen supermanes y que se las saben todas, o los descaches de los incipientes practicantes que llegaban a la cadena. Allí, con su sapiencia desplegaba toda la batería de argumentos que explicaba y especialmente vivía y ejercía como periodista a la hora de dar cátedra en las universidades Central y Externado, por ejemplo.

Generaciones de comunicadores aprendieron y tuvieron guía a su lado, muchos de ellos aplicaron e incluso aplican sus enseñanzas en su carrera exitosa, reconocida o normal en medios; y otros tantos que conozco y gozan hasta de calidades institucionales de elección popular no aprendieron ni un comino, desaprovechando su consejo fundamental: nunca, nunca, nunca hay que dejar de estudiar, renovarse, aprender. Y lo expresaba con la humildad propia del maestro antiguo que conoce y valora el fin último de la enseñanza, y es la de que el conocimiento forma carácter, moldea sociedades, enaltece espíritus.

Gracias a Consuegra abrí la puerta de la literatura y decidí que ejercer periodismo sobre literatura era la definición de la sabrosura y de la felicidad, porque al final es la misma vaina: contar historias, indagar en perfiles, narrar hechos reales que a veces son increíbles y que parecen fantasía. Y con sus palabras y cariño humano me dio el empujón para seguir este camino que no acaba nunca cuando me dijo un día que lo acompañara a entrevistar a Manuel Vásquez Montalbán. Ese día amé más la novela negra y que era su pasión.

Pero ese día también me regaló un libro para que me lo firmara Vásquez, con quien debe estar haciendo recetas y el guión de una película en el cielo y que resultó ser la puerta para animarme años después a vivir en Buenos Aires, donde quedó mi corazón y una rodilla por el fútbol: "El Quinteto de Buenos Aires".

Consuegra también estuvo a bordo de Buque de Papel durante más de 5 años con sus entrevistas y trabajos que publicamos sobre su otra pasión y era primero la revista impresa y luego el portal Libros y Letras, su legado y que esperamos se mantenga y continúa esa obra por la literatura y el periodismo. Y amaba al Buque. Cada vez que podía nos entrevistaba y siempre preguntaba con su genuino afán, como iba el semanario, cuánto crecimos y si la pauta avanzaba o no.

Se nos quedó más de un proyecto entre el tintero. Tan solo expreso estas palabras deshilvanadas que intentan recoger recuerdos, vivencias y la nostalgia por su partida, porque lo vamos a extrañar, al periodista, al crítico, a quien vivió la vida, al señor, al amigo. Y ellos, los amigos, sí que se extrañan cuando deciden enamorarse de la dama blanca e irse con ella.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.