Edición 371

El rock nuestro de todos los años

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Llega Rock al Parque en su versión 22 que en este año de 2016 será la confirmación del cambio, de la transición de administración distrital y de la expectativa que tendrá para el futuro el festival gratuito de rock más grande de América Latina.

Es en este momento cuando el festival necesita de dirección y de impronta, una que las anteriores administraciones –sin importar el color político- le imprimieron para consolidar dos décadas de trabajo ininterrumpido por el rock, que no es solo una moda como se sigue creyendo en la mayoría de los desinformados e inquietantes por su ignorancia ciudadanos. Han sido 21 años que no se pueden desconocer por recortes presupuestales o creencias subjetivas que no entienden ni comprenden esta manifestación cultural. Percepciones que preocupan como la del actual mandatario de la capital, que hace 18 años intentó frenar con esta propuesta, que ya es una realidad y reconocida mundialmente.

Ahora, y pese a las críticas que ya pululan las redes, como los comentarios desafortunados de los inadaptados de siempre a quienes no les gusta nada, al momento de rechazar el cartel de este año, esta versión 22 se puede considerar como un nuevo nacimiento.

Y lo es, porque a pesar de seguir ignorando y dejando de lado la realidad latinoamericana del rock, como la que nos hizo perder del movimiento argentino que marcó a una nueva generación –y no hablo de Charly, Fito, Calamaro, ni de Spinetta alma bendita- sino de Almafuerte, Los Piojos, Las Pelotas, La Renga, Los Redondos, entre otros, se abrió la compuerta para agrupaciones nacionales que se están consolidando y haciendo verdadera música. Ejemplos como Perpetual Warfare, Hedor, Lion Reggae, Bambarabanda, Puerto Candelaria o Pedrina y Río para los amantes de sus géneros, contribuyen con reconfirmar la esencia del festival: la tolerancia entre géneros. O mejor, la mezcla de los mismos.

Es el momento de proyectar un futuro pese al recorte en presupuesto que es innegable ante la concepción de la actual administración; de no retroceder ante otras propuestas que se están consolidando y que tienen todo el derecho de progresar como el Estéreo Picnic. La diferencia es que esta última patrocinada por Caracol es paga y se hace en un potrero.

Rock al Parque es gratuito y no puede perder su esencia. Ver y compartir con 400 mil personas reunidas durante 3 días, sin problemas, sin peleas, sin conflictos, con diversidad de géneros es la verdadera representación de la llamada democracia.

El reto para el festival y sus directivos es el de conocer otros exponentes del rock del mundo que se romperían para estar en Bogotá gracias al prestigio del festival (Myrath, de Túnez; propuestas como Tool, Liquid Tension Experiment, ni que hablar de Dream Theater, White Snake, Mr Big, ACDC o Rammstein y toda la onda de metal industrial, por mencionar algunos ejemplos al aire) y sí, consolidar un cartel atractivo. Ahora, y como lo dijimos el año pasado: el metal está pidiendo pista hace rato para hacer un Metal al Parque independiente, hecho que depende también de la unión de los festivales locales que gozan de cabal salud y trayectoria, pero especialmente de los mismos grupos, que no son precisamente parceros entre ellos mismos.

Buque de Papel llega a su décima versión de trabajo ininterrumpido en el festival. Este año es especial también para nosotros porque seguimos en constante cambio, al ritmo de la evolución de las nuevas tecnologías TIC que son nuestro norte, pero especialmente para gozarnos la tarea de comunicarles a nuestros seguidores los detalles, pormenores, otras formas de ver y sentir la vida y de conocer el amplio mundo de la música hecha rock, en este grandioso festival, cuyo reto es el de mantenerse como una propuesta cultural para la gran masa de jóvenes amantes del género y que proyecta a Bogotá como una de las capitales artísticas del mundo.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.