Edición 353

Rock al Parque 2016: balance positivo

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Llegó el momento de hacer el balance de Rock al Parque 2016, en su versión 22.

Y para hacerlo hay que hacer una distinción meridiana: un tema es el balance operativo en el primer año de transición con la actual Alcaldía Mayor, y otro aspecto es el artístico.

En cuanto al primer tema, es indudable que la experiencia acumulada de años sirve de bagaje o si se quiere de arrastre para que el desarrollo logístico, de acompañamiento a las bandas, de la tecnología sobre escenario con luces y sonido pasaran la calificación con un óptimo indiscutible.

Asimismo el acompañamiento de los cuerpos de seguridad, bomberos y policía estuvieron a la altura. De esta forma se desmiente a uno que otro resentido en portales iconoclastas donde se presagiaba el desastre encarnado en el diablo del Esmad y el bolillo. Una vez más los roqueros de Bogotá, de Colombia y otros países demostraron cultura, tolerancia, respeto. No se presentaron las riñas, desórdenes y caos que todos ansían para tener el pretexto buscado por años por políticos, mandatarios de turno y mojigatos, de acabar esta expresión cultural que vive y late 22 años después y ojalá por otros muchos más.

Incluso, el festival se repone a pesar de contar con la mitad del presupuesto y una política poco clara y difusa de si se mantiene o no para el futuro cercano. Los organizadores de Idartes hicieron la tarea y cumplieron. Aquí el balance que entrega a Buque de Papel, el director del Instituto para las Artes, Juan Ángel.

El otro componente de esta opinión es la calidad de los artistas. Es indiscutible. Intentar bajarle la caña a grupos como Napalm Death, Suicidal Tendences, Sepultura, GBH, Gustavo Cordera, Easy Easy, Las Manos de Filippi, y todas las bandas colombianas y distritales que conformaron y desarrollaron esta versión 22, es absurdo. Es una falta de respeto denigrar de estos artistas que trabajan como el que más e intentar decir que están acabados, o desactualizados, responde más al gusto personal de toda esta sarta de seudoperiodistas que ahora pululan en las redes y "dicen ser o se autonombran como tales". Lejos de serlo.

Es claro que la transición dejó muchas cosas por afinar y es normal que suceda. Lo anormal está en dramatizar o destruir con intenciones soterradas. El éxito lo ratificaron las 300 mil personas que llenaron el parque durante los 3 días del festival en una nueva versión de este rito llamado rock y que seguirá viviendo por siempre.

PD: Enrique Bumbury dijo en una entrevista que "cuando los de trencitas (por aquello de los ortodoxos) te dicen que lo que haces no es correcto o está mal, es cuando está bien y debes seguir adelante".

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.