Edición 375

Adiós al Jogo bonito verdeamarelho

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En el inicio de los polémicos juegos Olímpicos de Río esta semana, aquí les presentamos una semblanza de una selección de fútbol que busca su norte y perdió sus raíces.

De aquellas generaciones brasileras con Pelé, Jairzinho, Garrincha, Rivelino, Romario, Bebeto, Sócrates, Tostao, Didí, Ronaldo, Gilmar, Manga, Vavá, Roberto Carlos, Rivaldo, Dunga, Ronaldinho, Zico o Cafú, no nos queda sino el grato recuerdo de las imágenes de muchas de sus jugadas. Fueron toda una cartilla de fútbol nacido en las arenas de Copacabana o Pernambuco.

Los conocimos a través de las narraciones vívidas que transmitían por radio Caracol y RCN las voces familiares de Carlos Arturo Rueda C. y Pastor Londoño Passos. No había todavía TV pero estos locutores describían lo que pasaba en las canchas con precisión fotográfica. Minuto a minuto seguíamos a estos ídolos que ellos dibujaron en nuestra memoria colectiva. Cada cuatro años estábamos junto a los equipos de radio y en los transistores que se podían llevar pegados a la oreja.

Allí aprendimos el lenguaje del fútbol que se leía en esas cartillas que se imprimieron cada cuatro años en las ediciones de los mundiales. Brasil siempre fue el chacho de la película y lo acompañaban como una corte a su lado, Uruguay, Argentina y, por supuesto, Rusia, Alemania, Italia, Holanda. Aprendimos a saborear muy despacio y por 90 minutos cada juego en varios mundiales.

Cuando apareció la pantalla chica, en negro primero y luego en color, el fútbol se hizo más electrizante y apasionante. El placer de ver las jugadas, las fintas, la elegancia y garbo de los astros y cracks. Pudimos ver en directo a nuestros ídolos y gozar, además de los 90 minutos la espera del intermedio con los comentarios. Aprendimos el nombre y gesto de cada figura, pared, sombrerito, caño, regate, chilena, drible, pase perfecto, tiro fatídico desde los veinte pasos... Pudimos ver en pantalla grande los estadios llenos y coloridos, la euforia, las alegrías de la victoria en la cara, el llanto por la derrota, los hombres sentados en la grama con su tristeza o la danza sobre los pies y la fruición al alzar la Copa Jules Rimet.

Ese largo período desde los años 50 hasta hace un lustro... se vio enlucido por la fama y la gloria de los grandes astros que nos ofreció la Canarinha. Su fútbol con sabor a onda de mar, a carrera de antílope, a frenesí en los pies, a fuego en la boca y el pecho e ilusión en los ojos fue un manjar y espectáculo de tiempos idos.

¿En qué estadio se quedó prendido, en qué concentración se durmió y cayó rendido? ¿En dónde se rompió el hilo, qué hizo perder la pasión, a dónde se fueron los sueños, en qué escuela desapareció el hechizo y aparecieron los esquemas, por qué el jugador perdió su magia, su inspiración y creatividad?

Por ejemplo, el juego (¿?) de Brasil frente a Perú en la Copa América 2016 nos ha dejado con los brazos abajo. Primó el desespero, la fuerza, el cálculo mal hecho, la improvisación. Desapareció el jogo bonito, ojalá no para siempre.

  • *Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.