Edición 363

La paz, imponderable don

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Aquí, empero, podrás descansar esta noche

conmigo sobre verde fronda,

tenemos manzanas maduras,

castañas tiernas y abundancia de cuajada de leche,

y ya a lo lejos los tejados de los caseríos humean

y de los altos montes cada vez mayores caen las sombras (vv. 79-83).

I

Oh, Melibeo, un dios nos ha concedido este ocio,

pues será él para mí siempre un dios,

y su altar con frecuencia

un tierno cordero de nuestro redil empapará de sangre.

Él permitió, como ves, que mis vacas vagaran

y que yo mismo cantara

lo que quisiera con mi rústica flautilla...

I Égloga, Virgilio.**

Yo era un niño en 1948 cuando Gaitán cayó bajo la bala cruenta. Hasta debí, a mis cortos años, padecer la reclusión en un hotel de Pacho, reducto del Teniente Silva Silva. Luego en Susa pude, al lado de mi padre, ser testigo del paso nocturno de la violencia partidista por los pueblos alejados. Los violentos se retaban desde los buses de la Flota Ubaté, liberal, y la Flota Boyacá, conservadora.

Entonces, aparecieron los chusmeros, chulavitas y cachiporros, luego los pájaros en el Occidente colombiano, Guadalupe Salcedo en el Meta y... otros más en Bogotá, Saboyá, Boyacá y Santander. En el fondo estaba el discurso del poder político y la suerte de las huestes irredentas del pobre y del campesino olvidado. Hasta que apareció Tirofijo y su cauda larga.

Las cuentas están mal hechas y peor contadas. Es más de medio siglo de esta guerrilla convertida en guerra intestina. Los tranquilos montes y valles, las vegas junto a los ríos los vieron cruzar, como en las películas de vaqueros e indios sioux, rojizos y con sus plumas de águila. Se acabó la paz, el verde se volvió sanguinolento y las noches ya no recogían el silencio de la noche. Todo era temor y estruendo, incendio y pillaje.

Ahora se anuncia con grandes pancartas e interminables cuñas, comités y peroratas pagas, que la guerra está a punto de terminar y que la paz está a punto de llegar. Vendrá en globo, en limusina, vestida de reina y escoltada por tirios y troyanos, de aquí y de acullá. La paz será tratada como manda el protocolo. Pisará la alfombra roja y se le cantará con niños y se le tirará confetti.

Perdón. Así se está deformando la fiesta y la realidad. La Paz es una señora que no gusta de ruidos ni de discursos largos ni admite distracciones con Kfir miedoso. La paz es don interno, es un estado del ánimo, como dijeron filósofos, sabios y poetas: Es la suma tranquilidad común. Es poder recostarse lejos del alboroto oficial, oír el murmullo del río o la caída de la cascada a las afueras del pueblo. Es poder dormir con la puerta entreabierta sin que nadie perturbe.

La Paz es tener acceso al trabajo con pago decente, a la pensión justa junto con el ocio, a educación acorde con la sociedad actual, es poder salir a la calle, enfermarse y ser atendido, es saber que nadie nos roba, que no hay chanchullos ni cheques por debajo de la mesa, poder mirar y ser mirado desde la igualdad.

**Virgilio

  • *Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.
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