Edición 374

Juventud y posconflicto

PDFImprimirCorreo electrónico

Ha vuelto al ruedo académico y cultural el eminente zorro. El maestro Jesús Martín Barbero ha puesto en El Espectador de hoy el punto sobre las íes. Su sabiduría campea por encima de las palabras al tocar la cuerda de un violín que nadie sabe tocar como él lo hace.

Cuánta falta hace que un experto en educación hable sobre la juventud y la niñez que crecerá y espera ingresar a la ronda del juego en la sociedad que les tocó vivir. De una manera sabia y franca. Con el énfasis y la seguridad de su palabra. Sin autoritarismo ni altivez. Para ser maestro no hay necesidad de levantar el tono.

"Necesitamos jóvenes problemáticos", titula Gustavo Torrijos en el artículo de El Espectador. Es una diatriba ilustrada sobre las políticas educativas del Gobierno Santos en esta materia con las dos Ministras pasadas.

Sorprende que avezado educador hable con tanta propiedad de la juventud que nos rodea. No se escandaliza ni duda del entorno en que el joven de hoy se encuentra. Por lo regular, todo el mundo se desentiende de tratar este aspecto de la sociedad. Porque el joven aparece como una rueda suelta. Ni es niño para que sus padres lo guíen ni es un adulto que signifique un eslabón del consumismo. Están a la deriva en este mar de pilos con suerte para un bombón. ¿Y el resto?

Ser problemático no es una peste que enferme. Y el joven, por naturaleza lo es. Se halla solo, perdido, sin que nadie lo tenga en su libreta de preocupaciones diarias. Aislado en sus pensamientos y necesidades vitales vaga sin rumbo en medio de la confusión y la corrupción reinante.

Sumida está la juventud en su "problemática". Tener consigo un problema no es una maldición ni un estorbo. Es un valor, puede ser una riqueza de valor incalculable. Nadie se ocupa de preguntarle, de abordarlo, de invitarlo a hablar y a interactuar con él. Tiene tantas inquietudes, sueños y fuerza en su sangre... Pocas oportunidades se le abren a esta juventud con tanta hambre por querer ser y surgir. Es un potencial desaprovechado, una energía contenida en sus brazos e ingenio. No es solo el estudio lo que necesitan. Son bocas que los llamen, manos que se les tiendan y ellos sepan que son útiles desde su edad y algo de ingenuidad.

El problema del joven no está en él. Está en una sociedad que lo ha postrado en un status quo. Su estado es provisional, un limbo transitorio. Ni es ya un niño, ni un hombre con herramientas a la vista. Mas con un potencial guardado e incontenible a la hora que algo o alguien lo haga explotar.

¿Dónde hay una de tales Agencias del Estado o un viceministerio de la juventud o un organismo que vele por tanto joven suelto por ahí? Los maestros que no son capaces de entender ni a los niños, menos a los adolescentes, a los jóvenes. "Hay un desconocimiento muy fuerte de lo que está pasando en el mundo joven. Hay un montón de clichés religiosos y psicológicos que vienen muy bien para calmar la consciencia de los papás y de los maestros... estos no están ahí para entenderlos, están para hacer lo que dicta el Estado", dice Barbero.

Lea "Necesitamos jóvenes problemáticos: Jesús Matín Barbero"

  • *Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.
  •