Edición 359

Treinta años de sueños hechos realidad

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Estamos próximos a celebrar una nueva Feria Internacional del Libro de Bogotá y que llega a su edición número 30, siendo Francia el país invitado de honor.

Aunque todos los años la costumbre nos marque en el calendario que entre las lluvias de abril y mayo se lleva a cabo una nueva edición de este referente cultural, el de 2017 es especial, no solo por la producción del invitado en cuanto a la cultura y que nadie puede soslayar, sino porque son tres décadas ininterrumpidas de impulso, incentivo, motivación para que la llamada industria del libro se echara los pantalones largos y creciera y extendiera en beneficio de toda la sociedad.

Bueno. Muchos campos de análisis al respecto: si bien es cierto que durante estas cuatro semanas todo gira en torno al libro y sus complementos como lo audiovisual, musical, el comic y la tecnología de tabletas y libros electrónicos, también es innegable que las ventas y cierre de negocios son multimillonarios, haciendo de abril el agosto para editoriales, distribuidoras, grandes librerías, Corferias como la sede natural y para los autores de renombre.

Pero también hay que ver las cosas desde otra perspectiva: pese a que hay anuncios de que el llamado índice de lecturabilidad por cabeza, es decir el número de libros que los colombianos leían al año pasó del 1 al 2,5 o casi 3, que es un logro impresionante, sigue siendo una cifra que se debe ver en su contexto: el 1 o el 2,5 o 3 son los libros comprados al año, que no significa los que leemos al pedir prestados, los que le tumbamos temporalmente a nuestros amigos y hermanos, los que la gente compra en los sitios de segundazos o los que adquieren en la saludable industria de la piratería que todo el mundo conoce y nadie controla ni restringe.

También, la FILBo por economía de palabras y marca como se le conoce desde hace tiempo debe ser de reflexión para otro campo en donde hay deuda, y grande: el apoyo con oportunidades para los autores independientes. Por experiencia propia lo puedo afirmar y hablar con conocimiento de causa: escribir un libro, pero producirlo y distribuirlo en Colombia es una verdadera pelea contra Molinos de Viento. El escribirlo, el producirlo, que es lo que debe preocupar a quienes tenemos inquietudes literarias como me dijo un agrandado colega, en el sentido del compromiso con el lenguaje, con las historias, con el llegar a un público, viene siendo lo de menos. Lograr editorial es tarea imposible por la enorme rosca dominada por los de siempre, es decir los fabricantes de best sellers (la ridícula cifra de mil ejemplares es un best seller en Colombia) y los medios que siguen eternizando las historias de prostitutas, narcotraficantes, asesinos y la basura social entre la que nos revolvemos o nos empujan a revolvernos

mediáticamente.

Tener otra visión, atreverse a rescatar los vasos comunicantes con la historia, hacer cuento o novelas que no sean la basura que supuestamente le gusta a la masa, es un pecado mortal. Tuve mis libros debajo del sobaco por más de un año luego de terminados, golpeando puertas, buscando palancas, gerenciando (jajaja) para recibir la misma respuesta: puerta en la cara. Finalmente descubrí que había esfuerzos igual de quijotescos como el de ENO (Editorial Nueva Oportunidad) que promovía el negocio de la autoedición, es decir concitar autores, y lograr en consenso la producción del libro, pero sin distribución. Hoy, ENO ya no existe, cerró.

Así que mis dos ejemplos publicados, Hechos con Radionet y Yo Construí Eldorado los hice rompiendo el chancho y con créditos bancarios. Bueno, segunda etapa culminada. Y faltó la más importante, la distribución. Y aquí hay que estar en otra rosca: el de las distribuidoras, que ganan por la intermediación de llevar el libro propio a las grandes librerías como Panamericana y Nacional, entre otras. Si vas solo, es decir lo publicaste contratando a alguna editorial que maneje este esquema únicamente de producir, como Magisterio, se estrellas contra otro muro: ¿Cómo y dónde lo vendes?

Así ganan ellos, es decir un porcentaje grande para librerías, otro para la intermediación y para el autor que lo parió queda menos del 10% de ganancia por cada libro. Y en este campo, hay serios, como mercenarios. Actualmente cometí el error de irme con unos de esos distribuidores de los segundos y ni un peso he visto hasta hoy por la venta que ya se hizo efectiva de algunos ejemplares.

Lerner hasta el año pasado recibía a autores independientes y se veía una ganancia decente, tanto para el librero como para el autor. Ya pasaron al mercadeo. Cerraron las puertas para independientes y ahora contestan lo que dice Panamericana: "a autores individuales no recibimos, porque hay muchos y tocaría abrir un registro para cada uno y contablemente es inmanejable ¡Hay muchos escritores en Colombia!".

Si quieres tener un champú de popularidad paga por el stand en la feria, que no baja de 4 millones de pesos para el más pequeño y ubicados en los lugares con poco flujo de público en los pabellones. Ni pensar en uno más grande o mejor posicionado. Si tienes alma de paisa, pues levanta el billete y vende tus libros en la feria. De pronto recuperas la inversión ya hecha por hacerlo, producirlo y ahora para distribuirlo, aunque el objetivo era otro: ser feliz escribiendo para ti, en divulgar historias y descubrir la magia de la comunicación conectando con la gente.

Por eso, aprovechemos este espacio de nuevo como la Feria del Libro para conocer historias como las de los músicos que han incursionado en las letras, como Piero, Fito Páez y nuestros Carlos Vives y Andrés Cepeda, o quien quita, llegar a uno de esos stands perdidos donde estará tu alter ego, con quien puedes charlar de literatura, esencia de este certamen y de la vida misma.

  • *Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.