Edición 363

Falló el “Corazón” de Aquino

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¡Qué paradoja la de llamarse Corazón y morir por una dolencia cardiaca! Así terminó el pasado 31 de julio la vida de una mujer que saltó a la fama, al menos en este occidente acostumbrado a mirarse solamente el ombligo, en 1983, cuando después de ser asesinado su marido Benigno, tomó las riendas de la oposición contra la dictadura de los Marcos en Filipinas. 

Era Corazón Aquino una mujer impulsada por el amor a ese marido muerto a tiros, cuando se bajaba del avión en el que volvía después del exilio, y por la rabia de saber que fueron los agentes de Ferdinando Marcos, el dictador, los que apretaron el gatillo.  Esa rabia, ese hecho, el tener a su esposo ensangrentado entre los brazos fueron el motor de toda una oposición a ese régimen del terror desatado por Marcos, y su esposa Imelda, famosa por su colección de más de dos mil pares de zapatos de tacón y otras excentricidades.

Falló el Estaba en primero de bachllerato, lo que desde hace años se llama sexto (no entendí nunca la diferencia) cuando las imágenes de los noticieros, en especial el extinto 24 Horas, mostraban a Corazón, con su escudo de campaña, corto y ancho como el músculo-bomba del pecho, y los miles de filipinos volcados sobre las calles de Manila y otras ciudades reclamando el triunfo en unas elecciones viciadas y reclamadas también por Marcos.

Esas imágenes mostraron a un Ronald Reagan, el presidente vaquero y actor de la Guerra Fría mandándole un mensaje a los Marcos para que se alejaran del poder, que habían perdido, que ya no jodieran más. Claro, Estados Unidos reclamaba así su presencia en un archipiélago clave en la Segunda Guerra Mundial y la lucha del Pacífico y donde los japoneses hicieron comer “m” a las tropas gringas obligándolas a la retirada. Por ello la frase célebre del general Arthur Mac Arthur, de “me voy, pero volveré”. Y a fe que lo hizo, pero ya no al frente de un ejército guerrero y peleando. Las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki les hicieron la tarea. Además, contar con bases militares (tan parecido a lo que se niega en Colombia) era una punta de lanza para tener a la antigua Unión Soviética a tiro de misil.

Al final llegó la democracia a Filipinas, pero los Marcos, con toda la plata que se habían robado abordaron un avión y se establecieron finalmente en Estados Unidos, donde vivieron a sus anchas hasta que murieron; primero Ferdinando, después Imelda, Imelda, que hasta canción logró por parte del grupo británico Dire Straits, que retrató su vida de lujo y ostentación, aunque venido a menos, dentro de los malls gringos.

De Corazón, a quien también le aplicaron la dosis del golpe de Estado, promovido por los Marcos allende fronteras, se dijeron muchas cosas también. Que la economía no despegó, que la inseguridad era rampante. Finalmente se alejó del poder para no volver.

Fue el pasado viernes que una de sus cuatro hijas, tuvo cinco con Benigno, la actriz Kristina Bernadette Aquino confirmó el fallecimiento. Su calidad de vida ya no era la mejor. De 76 años, había sido sometida a la quimioterapia por un cáncer de colon que se le complicó.

Corazón era integrante de la familia Cojuangco, una de las más ricas de la comunidad chino-filipina. Estudió secundaria en el Convento de la Asunción de la capital filipina. Posteriormente, se trasladó a Nueva York, donde ingresó en el Mount Saint Vincent College, institución por el que obtuvo el doctorado en humanidades en 1954. Al año siguiente contrajo matrimonio con Benigno.

Corazón Aquino, mujer de armas tomar y por las armas depuesta. Dio para películas y para dar a conocer más a ese archipiélago bisagra para la historia como es Filipinas. Incluso, dio para chiste en Colombia durante su época de fama: cuando la novia le decía al novio “aquí no, corazón”.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro y por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.