Edición 369

Ay, mi Buenaventura

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Buenaventura me cabe en la palma de la mano. Desde que la conocí hace unos 30 años. Con su olor a madera húmeda, con sus construcciones de palafitos allá en el fondo... con sus entradas y salidas llenas de arena. Con su otro olor a trucha y canchimalo. Ah, y su bruma eterna que la cubre cómo sábana protectora.

Entra uno al centro y empieza el fervor de la gente alrededor del embarcadero hacia Ilalba, La Bocana y Ladrilleros con su mar de negro y azul, tibio lleno de pececitos que se acercan a pegársele y besarlo a uno en la piel junto al pecho. Se levantan las olas y golpean caprichosas en la cara y la espalda.

La ocasión es propicia para entrar a medio día a cualquier negocio de comidas donde se vea movimiento. Allí encuentra el turista el plato de caldo de piangua o de calamar con arroz y tostadas machacadas con su cara rojiamarilla.

Hay bastante movimiento comercial y se ve alegría en los rostros de los visitantes. Pero la gente del Puerto más importante de Colombia muestra un rostro adusto, serio y preocupado. El aspecto de sus calles, la arquitectura, la pujanza de la riqueza que se mueve parece siempre la misma.

La estampa, el perfil de la ciudad negra y sufrida, no ha cambiado significativamente a través de tantos años. Sigue la misma rutina, el mismo ritmo, el cansino caminar de sus habitantes sin esperanzas de redención.

Nadie mira más allá del frente: los mismos hoteles, servicios y negocios. Las cifras del movimiento portuario van creciendo y los cargamentos y llegada de barcos va en aumento. La riqueza que se mueve es la más alta de los demás puertos de Colombia. Mas la riqueza interna no se nota en los bolsillos, en el progreso y la estampa de esta sufrida ciudad.

¿A qué se debe la aparente quietud de Buenaventura que no acredita su nombre con una realidad patente? Serán sus autoridades que llegan al solio con miras personales y sin planes ambiciosos? ¿Será que el Gobierno nacional y centrista no apoya sus planes y ubicación estratégica? ¿Será que el capital privado domina y se lleva todas las ganancias para la montaña y el centro?

Mientras el crimen aumenta, la pobreza cunde y ahora el Paro cívico se alarga. Tal vez ha llegado la hora de que los nuevos dirigentes de esta Ciudad se encarguen de presentar planes y proyectos viables y concretos y que pongan su empeño al frente con gente decidida y ganas de trabajar e invertir en el progreso común.

Habrá que detectar las fuentes de inseguridad y atraso, las necesidades más urgentes, los puntos más débiles y se diseñen las pautas que cubran las fallas para que la Ciudad muestre pronto una cara distinta, moderna y a la altura del puerto más importante del País. Ojalá Buenaventura salga del letargo en que ha estado durante tantos años.

  • *Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.
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