Edición 369

Más violenta es la indiferencia

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¿Alguna duda que vivimos el Apocalipsis? Y no hay que ser Nostradamus para pronosticar o jugar con los posibles como hacen los prestidigitadores, brujas, pitonisas que abundan para acertar a que la maldad humana está en su tope.

Quien tome las Escrituras (ojo, no soy fanático como hay tantos y guardo silencio ante la edición y macheteada que sufrió el mejor libro de todos como es la Biblia) y se tome el trabajo de pensar en las metáforas allí dispuestas concluirá lo mismo: se cumple la falta de comunicación, la pelea entre iguales, los corazones fríos y la indiferencia que mata más que las bombas, como las de Bogotá y de nuevo atropellados en Londres.

Luego del atentado en un baño en el centro comercial Andino de Bogotá que dejó tres mujeres muertas y varias personas más heridas, la explosión de epítetos, de insultos, de peleas en redes, de mentiras y manipulaciones para parecerse a las verdades fue como si se tratara de una bomba atómica.

Todos y con sus pelambres, uribistas, santistas, hijueputistas, todos se engarzaron y extendieron su enfrentamiento por poder cual barras bravas, sin importarles un pijo las víctimas, porque ¿quién las va a pagar, cuando ni siquiera se sabe quién puso la bomba?

Volvimos (tal vez nunca se ha ido) a la época de las llamadas "fuerzas oscuras" que han perpetrado magnicidios, atentados, bombazos, con el fin de eliminar contrarios a sus intereses de guerra, de narcotráfico, de frenar la extradición y generalmente se trata de alianzas diabólicas entre narcotraficantes, corruptos del Estado, asesinos disfrazados de políticos, gamonales, criadores de caballos, guerrilleros fanáticos. Bombazos de mentiras para echarle la culpa a los otros y sacar réditos electorales, o explosiones para demostrar poderío y que no están tan derrotados como se predica en alocuciones presidenciales televisivas.

Pero la violencia que más duele y mata es la indiferencia. Sí, la del pueblo raso, el mismo que sufre las consecuencias del enfrentamiento entre los de siempre y los que han manejado el poder. Una indiferencia que se traduce en voltear la cara, en ignorar lo que sucede, en meterse en una burbuja de aire porque como los muertos no son míos, el conflicto no me toca. O escuchar frases como si murieron por algo será.

Indiferencia ante lo que sabemos desde hace tiempo pero que la soberbia nos impide reconocer: Colombia es un Estado fallido por el conflicto que va más allá de llamarse Farc o ELN o paracos; la violencia cotidiana ha dejado más muertos y esos no se cacarean. Y fallido ante la falta de oportunidades y desempleo rampante que se esconde en cifras maquilladas del Dane por supuesto. O ¿cuántos profesionales he conocido desde que volví a ser desempleado que andamos en la misma situación? Y escuchar lo de siempre: que tu hoja de vida es muy buena y estás muy preparado para lo que necesitamos y pagamos. O ¿cuántos jóvenes que son rechazados porque no tienen experiencia? Educación para fracasados del futuro y solo para el negocio de las universidades y colegios. Y ante esta situación, indiferencia.

  • *Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.