Edición 368

Venezuela, Venezuela

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Mi abuelo decía que "cada quien hace de su capa un sayo y de su cu.. un candelero", frase popular que da a entender que el libre albedrío es una condición humana inalienable, pero que perfectamente se puede aplicar en la política de los países.

La liberación del opositor Leopoldo López por decisión de un juez X, y por obvia orden del presidente del régimen, Nicolás Maduro, abrió un nuevo capítulo en la crisis que vive el vecino país.

La escasez de alimentos y medicinas es proporcional a la falta de libertades civiles de que cada quien pueda hacer con su plata y con su vida –por ejemplo- lo que le venga en gana, característica democrática que los regímenes autárquicos como el madurista y en general todos los extremos (e izquierda o de derecha) se empeñan en desconocer.

La democracia se embolató hace rato en Venezuela, desde que Chávez fue Chávez y hoy con sus herederos dedicados a negocios particulares, como los militares y generales a quienes el gobierno les tituló las minas de coltán en el occidente del país; y otros más señalados de narcotráfico y delincuencia común con secuestros y microtráfico de drogas para el consumo interno, como el señalado vicepresidente Tareck El Aissami y Diosdado Cabello, promotor de los grupos paramilitares urbanos o círculos y milicias bolivarianas.

La aparición de personajes como el piloto policía Oscar Pérez quien atacó al palacio de Justicia a bordo de un helicóptero y mensajes grabados difundidos por redes son el campanazo de alerta final: la guerra civil está a punto de desbordarse, una soterrada y no declarada que ha dejado más de 90 muertos en las protestas callejeras que no cesan, sin conocerse las cifras reales porque la censura informativa es abismal.

Maduro pensó (¡¡¿?) o lo hicieron pensar: la liberación de López descomprime la violencia y abre un compás de espera junto con su llamado (de labios para afuera por supuesto) de restablecer de nuevo diálogos con la oposición.

Ese mensaje debe interpretarse también como el primer reconocimiento que hace el régimen de una oposición que es prácticamente todo el país, de todos los estratos, que están viendo cómo sus seres queridos mueren de hambre o en hospitales porque no hay curas ni siquiera aspirinas para paliar en algo el dolor del cuerpo, porque el del alma democrática no lo sana nadie. Al menos por ahora.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.