Edición 371

La Nación Amway

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Todo comenzó con una llamada al celular hace un año: estaba destrozada. Decía, llorando incontenible que iba a cambiar, que nos amaba, que lo sentía por no ser la madre ejemplar, esposa, amiga que creía no era.

De inmediato sentí un clic, que en definitiva se convirtió en un estruendo como cuando una viga se raja segundos antes de desplomarse el edificio.

Ella asistía a uno de los dos días de Congreso de Amway, la multinacional que supo combinar fanatismo con lo más afincado de neoliberalismo a ultranza.

Y paso a explicar por qué. Su filosofía se centra en la llamada "libertad financiera", un sofisma que busca que el ser humano cambie su mente, el chip interno para crecer como persona y cumplir la meta última que es escalar en cada categoría de gemas y metales preciosos que elaboraron: plata, diamante, rubí, oro, etc.

Claro, presentan y desarrollan este mantra, este sofisma, con lo mejor del mainstream, eventos que harían palidecer a cualquier empresa gigante del espectáculo, concierto o si se quiere de alguna confesión religiosa también multinacional como el G-12, cuyos cultos son toda una vivencia de luces, sonido poderoso y un mensaje respetable.

Estuve en dos de esos shows, los de Amway, y maneja el mismo concepto que –con todo respeto- lo hacen las confesiones evangélicas: se apela al sentimiento, a la vivencia, a la exposición de los sentidos para que el mensaje cale y se vuelva inolvidable. Y en esa llamada, ella, culminó su proceso de cambio que es a todas luces irreversible.

Por la falta de oportunidades en Colombia, que no es precisamente el país de ellas, y la necesidad laboral le dije a un excolega del periodismo que le echara el cuento de lo que hacía: dejó el trabajo nada fácil del periodismo en medios y llevaba una vida relativamente cómoda vendiendo champús, jabones para la lavadora y cremas dentales producidos en Estados Unidos con la leyenda que son biodegradables y amigables con el planeta. ¿El precio? Costoso y por encima de cualquier otro producto similar en el mercado pero con unos beneficios como el doble de tiempo de duración y el rótulo en la etiqueta que son ecológicos. El papel aguanta todo.

Fue reticente pero llegó animada y de una vez disparó: que con un capital contaría con los productos para vender y concretar luego de un tiempo de camello, ese sueño que le caló. Invertí un capital, llamamos a familiares y amigos que compraron la primera vez como por hacer el favor, pero nunca más volvieron a adquirirlos. No entendía por qué.

Y a la par comenzó a asistir a reuniones semanales que con el paso del tiempo se volvieron prácticamente asiduas donde las cabezas del grupo comenzaron a contarles a ella y a otros más, el centro del negocio: atraer gente para formar red. El machete estaba allí, en conseguir más adeptos para esta seudoreligión mercantil.

Llegaron los libros, las conferencias de personajes que atacan el sistema educativo pero amasan una fortuna al mejor estilo de Carlos Slim, como Robert Kiyozaki y otros mecenas con toda una estructura ideológica montada en demeritar, defenestrar y hablar muy mal de las teorías económicas liberales que han dominado al mundo durante más de 400 años. Que la moneda es un embeleco, que el trabajo ha estado plagado de esclavitud a lo largo de la historia, que el capital es una mentira y que el trabajo mensual es opresivo. ¿Para qué matarse un mes aguantando jefes cansones, para recibir un salario de hambre? Para qué insistir en construir una carrera o incluso pagar una universidad, si con el infalible método Amway la libertad llegará pronto, serás tu propio jefe y las ganancias serán millonarias, como para pasear en Miami o asistir a la Cumbre Mundial en República Dominicana, paraíso terrenal. Así vomita el video que pasan en la cumbre y en los encuentros donde asisten miles de personas.

Seguía sin entender esa jerarquía de categorías y el entramado de cómo se conseguía el dinero necesitado. Sencillo: teoría económica burda, vender productos con volumen y el porcentaje aumenta. OK. ¿Y de qué porcentaje hablamos, el 5, el 10? Uno normal y antes bajito para cualquier comisión de ventas. No, que era así de bajito porque si llegaba a ser cabeza de la red, ganaría así no vendiera ¿Cómo? Sí, que los que están por debajo de la red, con cada venta, el grueso del porcentaje va para arriba, es decir le representa a la cabeza, que a su vez es cola de otra red y así sigue escalando, hasta llegar a la multinacional. OK. Es una pirámide. Es el mismo concepto. Yo gano en la medida que tenga debajo tontos que vendan y como yo soy tonto y vendo, gana el de arriba y así estos mesías de nombres comunes y corrientes se presentan como humildes y sonrientes en los videos y los congresos hablando de cómo se han partido el lomo para llegar allí y que ud, amigo jodido de las butacas del frente lo puede lograr con tan

solo meter plata y vender como loco –aunque eso no da tanto- pero sí, consiguiendo más gente para que meta plata y a su vez consigan más adeptos, o ineptos.

Nadie puede negar que es el mismo principio de la pirámide, porque la cabeza de la pirámide es la mayor ganadora: según el portal BusinessforHome.org, los esposos Dexter y Birdie Yager, cabezas mundiales de Amway tienen ingresos de $1.300.000 dólares al mes y $15.600.000 dólares al año y ya no mueven un dedo; su fortuna la construyen los de abajo. Además, Colombia es el país de América Latina donde más se mueve el negocio –según cifras que presentan en PPT y en balances que nadie audita-. El Power point también aguanta todo.

La falta de una reglamentación clara en Colombia ha hecho que las pirámides como DMG sigan vivas y sumando y negocios con mecanismo pirámide, como los bitcoins o como esta multinacional también proliferen. Y allí se cuelan todos. Hasta plantillas y filtros para el agua se consiguen con el bien pensado nombre de "multinivel". Sofisma, al fin y al cabo.

Pero lo más neoliberal, y según la teoría del neoliberalismo es la que reza que una vez te afiances y descremes el mercado, reduce el producto o el beneficio y dobla el precio. Pregunten cuánto costaba un champú Amway de 300 ml hace unos meses y cuánto vale hoy, de 280 ml de contenido al 40% más caro. Igual todos los productos. Y la excusa es que por el aumento del dólar, etc etc etc. Neoliberalismo puro.

Esto en cuanto a cifras económicas que esta multinacional supo combinar con el fanatismo que vimos al principio. Al mejor estilo –con todo respeto-de religión, o de secta.

Y la gente no es pendeja. Entendí por qué más de un "amigo" se alejó y no volvió a comprar. La crisis económica no es un cuento, es real, no iban a invertir en productos supuestamente benéficos a precios elevados y teniendo necesidades. Una crisis que viene desde hace años en el país por cuenta del quebrado modelo que se maneja y que Jorge Eliécer Gaitán predicaba cambiar en los años 40. El mismo líder que denunció la concentración de la riqueza en pocas manos y que la única distribución que se hace es de pobreza, menguando cada vez más el aporte del trabajador que es su capital. Y mucho menos, esos amigos, le van a creer a un cuento de trabajar para otros con un espejismo de volverse de algún metal, sin vender, sin mover la rueda económica y sí tributando a los mesías de la cabeza piramidal.

Por eso esta multinacional con su cuento perfumado busca socavar los principios de trabajo, de estudio formal, de esfuerzo, vendiendo un cuento aspiracional: si alguien que era un bombero de estación de gasolina pudo, ¿por qué tú, universitario, profesional frustrado o desempleado no lo vas a poder hacer?

Y lo logran. Dos carreras de ella echadas a la caneca, opciones laborales desperdiciadas porque ah, yo no sirvo para trabajar un mes, y porque quiero recibirla ya, rápido y sin esfuerzo. El mismo principio de la plata fácil del narco. O de la prostitución. Y lo justifica y lo niega. Y lo peor, no vende y las necesidades siguen latentes.

Así que la nación Amway seguirá lavando cerebros, quebrando estructuras personales, invirtiendo valores y fomentando otros "principios" con espejitos que llaman crecimiento y que soportan con toda una seudoliteratura de supermercado, favoreciendo a los capos de la pirámide, llenando vacíos, como confesión religiosa o como secta satánica. Al fin y al cabo son del mismo costal.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.