Edición 386

A Gaitán también lo Chuzaron

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Hablar de Jorge Eliécer Gaitán y su asesinato ocurrido hace 70 años es una tarea no exenta de tropiezos, callejones sin salida, vacíos en la historia y descubrimientos sorprendentes, que dan para escribir, producir y hablar por otras siete décadas.

Todo comenzó en 2004, cuando a mis manos llegaron tres papelitos, que resultaron ser la punta del ovillo, uno nuevo que no se había visto ni hablado, y era el de las interceptaciones ilegales o "chuzadas" que hicieron el FBI y la CIA contra el líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. Justo en ese año, 2004, Colombia vivía una etapa donde el DAS (el extinto Departamento Administrativo de Seguridad o la Policía Secreta) estaba chuzando a periodistas, dirigentes opositores, líderes políticos, todos contrarios al gobierno de entonces. Así que la sorpresa al descubrir que a Gaitán también lo chuzaron entre 1945 y 1947, según los papelitos, desencadenó el frenesí por indagar, constatar, construir.

Lo primero fue lograr contactar a la fuente que logró esta desclasificación que parecía imposible y la tarea se logró tres años después, en Buenos Aires. La tarea posterior fue recopilar los documentos sobre el asesinato, el Bogotazo o la revuelta popular desatada luego de su muerte, adentrarnos en sus discursos, escucharlos una y otra vez, y abordar la enorme bibliografía existente sobre las teorías de su muerte.

Un par de viajes internacionales y entrevistas a protagonistas en esas reconstrucciones también periodísticas aún vivos. Pero había que hacer un retroceso en el tiempo, al mejor estilo cinematográfico como el flashback: había que beber de las fuentes familiares, ya que mis abuelos paternos vivieron el gaitanismo en los barrios de La Perseverancia y el Olaya Herrera en Bogotá, conocieron al líder, fueron testigos de su muerte y protagonistas de excepción, como también víctimas, del levantamiento popular que no perdonó colores y ni siquiera ser del mismo partido.

Un retroceso temporal que me llevó a recordar charlas sostenidas con los viejos lobos del periodismo, como Felipe González Toledo, Alfonso Palacio Rudas, Carlos Villar Borda, Manuel H y Arturo Alape, cuando aún yo era universitario o profesional con recorrido, especialmente con los dos últimos, capitales para desenredar la pita.

Y una tercera etapa la constituyó contar cómo se trabajaba en las salas de redacción donde tuve la fortuna de estar, de compartir con los colegas, de escuchar sus dramas y triunfos y de las amenazas de muerte por hacer bien su trabajo, es decir no tragar entero y denunciar la yunta entre narcotráfico y poder armado y político. Incluso, yo también recibí amenazas e hice parte de listados para ser eliminado por personajes hoy desmovilizados y que integran el Congreso, luego del proceso de paz.

Finalmente había que tender un puente entre esa violencia que le quitó la vida a Gaitán y establecer que esa, la violencia, siempre nos ha acompañado. Y qué mejor que exponer y recordar la masacre de Chengue por parte de los paramilitares, y que junto a la de El Salado, fueron las de mayor barbarie en esta época reciente.

Todo para dejar un mensaje a las nuevas generaciones, aquellas que pierden la memoria cada vez más y no les interesa; al fin y al cabo no han recibido esa formación y ni siquiera la preocupación por saber dónde están parados, de dónde vienen y para dónde van. No hay que olvidar la historia o se va a repetir. Y la estamos repitiendo.

Esta es la segunda parte de la trilogía que presenta el autor sobre Colombia de los años 40, una época envuelta en el despertar y la tragedia. La primera se titula Yo Construí Eldorado (El Ángel Editor-Magisterio) y es sobre la reconstrucción de la época dorada del fútbol colombiano amateur y el nacimiento del profesionalismo.

Ahora, A Gaitán también lo Chuzaron, fue publicada por Uniediciones del Grupo Editorial Ibáñez y hace parte de la colección Textos Cautivos, que estará presente en la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Será en el Pabellón 6, stand 134, nivel 1.