Edición 381

Viviendo Argentina

PDFImprimirCorreo electrónico

Vivir Argentina. Una oportunidad para miles de colombianos, que al igual que ciudadanos de otras latitudes decidieron emigrar para llegar al cono sur de América en búsqueda de oportunidades.

Al menos, esta es una de las múltiples razones para llegar. Los venezolanos lo hacen por lo sucedido en su país con el gobierno de Nicolás Maduro y el cierre de las opciones democráticas y la crisis humanitaria generada por la falta de medicamentos y hasta alimento.

Así que los ve uno en los cafés, en los restaurantes, donde comparten espacio de trabajo con los colombianos que llegaron a la capital argentina para aprovechar la universidad pública, con calidad y asequible, a diferencia de los costos de especializaciones o maestrías en nuestro país.

Colombianos que escaparon de décadas de conflicto que a pesar de haber llegado a su fin, al menos con el grupo guerrillero Farc, la violencia sigue entronizada por los residuos de este movimiento y de las bandas criminales que siguen asesinando a líderes sociales, desde antes incluso, de la firma de los acuerdos de paz.

Y los encuentro además, de los espacios tradicionales, también en los emprendimientos, como kioscos, cafeterías, o en la venta ambulante del sánduche de miga de jamón, queso y tomate, a la entrada de universidades o en los corredores del subterráneo.

Hay colombianos además, en los diferentes equipos de fútbol del ascenso y de clubes profesionales, entrenando a diario, con la mira puesta en lograr la oportunidad de fichar con alguno de estos conjuntos, tarea bien compleja entre tanta competencia. Pero a los argentinos les gusta la forma alegre e inteligente de nuestros deportistas.

Los argentinos también destacan la amabilidad de nuestros nacionales a la hora de atenderlos y sonrisa por medio, servirles el café matutino, charla siempre ineludible sobre la dulzura de la variedad del grano a diferencia del robusta local, amargo y con mucho menos cuerpo.

Colombianos que viven en provincia, en el Gran Buenos Aires, en otras ciudades, que se desplazan horas para llegar a sus trabajos –complicados de conseguir- cuyas historias cotidianas serán recogidas por Buque de Papel, en crónicas, pero con toda una carga de emotividad y razones de peso para aguantar el aumento descontrolado del dólar y de la inflación, el invierno cercano a los cero grados y una humedad, que es lo que mata, como dicen por estos pagos.

Colombianos con sus maletas, sus amores, nostalgias y sueños trasteados a bordo de los colectivos, mirando los mapas virtuales en sus celulares y uno que otro conserva una vieja Guía T, el libro guía de rutas de colectivos y el mapa de calles de toda la ciudad. Con sus sonrisas y las ganas de triunfar lejos de las dos costas, de las ciudades andinas, de nuestros montes y selvas, pero con esas ganas de triunfo, rebusque y alegría que no se pierde ante la adversidad.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.