Edición 386

Pañuelitos verdes, pañuelitos azules

PDFImprimirCorreo electrónico

Se los sigue viendo atados a las mochilas de jóvenes mujeres, incluso adolescentes de colegio, universitarias y docentes, todas con la consigna latente de lograr decidir sobre sus cuerpos y parar las muertes de mujeres en clínicas clandestinas de aborto.

Sus pañuelos verdes atan sus consignas, sus argumentos, su lucha, que se volvió totalmente política. Así quedó demostrado con las marchas multitudinarias, los discursos, las arengas, los panfletos en la universidad pública, en los colegios, en las calles.

Fue un movimiento que se transformó en político, encarnando lo sueños de la izquierda y de paso, teñirse con la nostalgia de un pasado presidencial, mejor en la idea para miles y en la práctica para unos pocos. Un movimiento combativo contra el actual modelo y gobierno, que otros miles de argentinos votaron, favorecieron y parece reelegirán.

Las chicas aún lo portan con orgullo, pese a haber perdido en su intención de volver ley el aborto y obligar al Estado a proporcionarlo sin cortapisas.

Pero también están los pañuelos azules, que durante las últimas semanas comenzaron a ganar espacio y fuerza. Incluso, el día de la votación final en el Senado, llegaron en colectivos, banderas al hombre y a la marcha hacia el Capitolio, donde la mancha verde también se iba a apostar.

Mujeres jóvenes también, combativas y con su argumento expuesto, defienden la vida por sobre cualquier otra consideración y lo tienen claro: el aborto inducido es un asesinato. Punto. Sin vueltas, dobleces, lecturas encontradas, ni justificaciones como la violación o la malformación congénita que se usan en otros países que abrieron esta compuerta, al menos parcialmente, como Colombia.

A propósito, uno de los argumentos de los verdes: con el aborto legal se reducirían las muertes de mujeres en dichos centros clandestinos. Es una lucha por la vida. Bueno, para evaluar: en Colombia donde se despenalizó el aborto en 2006 y se permitió en casos excepcionales como los referidos, no hubo un descenso claro en las cifras de muertes en antros ilegales abortistas. La mafia que maneja estos centros sigue vivita y ganando.

La lucha debía ir por otro lado: el de exigir al Estado, eso sí una verdadera educación sexual y de responsabilidad. Pero, dicen las chicas del verde, que el gobierno del presidente Macri decidió suspender dicha cátedra de los colegios. Un error que va en contravía de la misma salubridad pública que un Estado de derecho dice defender.

Tanto los pañuelos verdes y azules tienen que aprender a tolerar y que afortunadamente no pasó a mayores. Aunque lo mismo no cree el sacerdote de Nuestra Señora de La Merced, en Quequén, provincia de Buenos Aires: la iglesia fue atacada e incendiada parcialmente por un grupo de pro abortistas que llevaban los pañuelos verdes atados.

Tema de policía y de "exhaustiva investigación" que terminará como en todos estos casos, en la nada judicial. Pero sí confirma el miedo que surge por las acciones fascistas que se creían extintas y que demuestran seguir vivitas y fortalecidas por la ignorancia y la incoherencia de unos pocos. La Inquisición también fue un momento fascista ignorante.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.