Edición 355

La mojarra política

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El otro día a la hora del almuerzo en el restaurante de unos amigos en el centro de la ciudad tuve la oportunidad de degustar un delicioso filete de mojarra, una que a diferencia de la tradicional espinosa y que sabe a amoniaco, parecía jamón, pero también hablaba.

El pedazo amorfo me hizo más fácil la degustación de un alimento que dejó de serlo por tanta contaminación de los mares, y ni hablemos de los ríos colombianos, donde los pescados comen los desechos que las ciudades y pueblos vierten en las fuentes hídricas. Por eso no como pescado de río: porque literalmente se devorar la mierda de mis compatriotas.

Ahora, con salsa tártara y un buen acompañamiento, sabía a gloria, bueno, preparado por Gloria y Hernando, los dueños y chefs de la Tienda de Colón. Pero a medida que con cada dentellada iba deglutiendo al pescadito, éste me iba diciendo en medio de la boca y de allí a mis oídos internos que qué mal andamos en la política.

Se acerca la subienda, que quien sabe  si se dé por el llamado verano, o tiempo seco que nos incendia medio país, pero además, se aproximan las elecciones para el Congreso, el 14 de marzo y las presidenciales, en mayo.

Que organizaciones no gubernamentales y académicas como Congreso Visible, de la Universidad de los Andes y la Misión de Observación Electoral, de la “politóloga echada del diario El Tiempo por decir la verdad”, Claudia López, ratifiquen que hay un 30 por ciento de riesgo de fraude electoral y en 159 municipios, debería escandalizar, pero parece ya no ser noticia para los medios de comunicación colombianos, dedicados a los culos y las tetas con más ahínco.

Luego, el pescado me susurro lo de siempre: que los ediles cuadran y venden los votos al mejor postor, que los candidatos van a prometer de todo en tarima y lo único que hacen es comprometer conciencias con dinero o en especie, y ni hablar de la guerrilla y los paramilitares rebautizados como bandas emergentes haciendo política a punta de fusil y desplazamiento. Pasó en 2002 cuando se destapó una práctica centenaria para llegar al Congreso, en 2006 con la parapolítica y la cuarta parte del Congreso tras las rejas por paramilitares. Ahora ¿qué vendrá?

Ni hablar de las presidenciales con intento de segunda reelección y políticos delfines tropicales y bananeros esperando la herencia a la que creen tener derecho. Los de la izquierda que son más derechistas que los derechistas, y los godos y liberales en su deporte favorito: voltearse.

Denuncias de que Petro es rosquero y negrero, que Vargas Lleras es un atravesado, que Noemí es tonta e insulsa, que Fajardo escondió la mierda de Medellín, que Peñalosa y Lucho son los nuevos “reencauchados”, o que buscan serlo, y que el Presidente anda desesperado por su segundo bis, hablando a través de sus medios serviles para explicar por qué le quitó el derecho a la salud a los colombianos. Parece que el único que sirviera es Antanas, porque no roba, no transa, pero tiene un gran lío: vive en la luna, es un adelantado para esta época y país.

Por eso, en política,  andamos como el pescado: fritos.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.