Edición 367

¡Qué mal andan mi iglesia, mi partido y mi equipo!

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Y no es para menos. Era una verdad incontrastable la filiación al partido nacionalsocialista alemán (Nazismo) del hoy Su Santidad Benedicto XVI, obispo del Opus Dei, Joseph Ratzinger, pero ni el más férreo ateo o anticlerical apostaba a que el oscuro escándalo de la pedofilia de los curas católicos salpicara al “santo”.

Aquí don Papa pecó por olvido, como si no se supiera desde niño el “Yo confieso” en donde se reitera que las embarradas veniales o mortales tienen alguna tregua con la rezada de esta oración “de pensamiento, palabra u omisión”.

Pese a los miles de mensajes de apoyo al jerarca, nadie, ni él mismo, negó que no fuese cierto que se hubiese hecho el loco o el de la vista gorda con el obispo depravado y que recuerda a su colega de Boston, que durante décadas se dedicó a violar niños y nada le pasó. Su castigo fue el traslado sin mayores aspavientos al mismo Vaticano. Si a alguien acusan de semejante cagada, lo menos que hace es entablar una demanda por calumnia e injuria al New York Times, que reveló los hechos. Así que como decían las abuelitas, “el que calla, otorga”.

Una embarrada más para el Papa de transición y que busca por todos los medios arañar mediáticamente algo de la grandeza de su antecesor; pero le quedó grande. Y pasarán más papas antes que uno serio y pensante elimine el invento medieval del celibato para curas y monjas, la razón del desmoronamiento de la Iglesia Católica.

Y ni hablemos de mi partido político, el Partido Liberal, caído a menos gracias a personajes como Ernesto Samper y su ocho mil, gran proceso de corrupción y alianza destapada con narcotraficantes a la que la gente del común, que no es boba, le pasa la cuenta de cobro a la hora de las elecciones.

Fue el Partido Liberal el responsable de que en Colombia haya desarrollo, educación, carreteras, progreso, gracias a hombres, como Alfonso López Pumarejo, Carlos Lleras Restrepo, Alberto Lleras Camargo y otros más. No era con las consignas retrógradas conservadoras como el país iba a alcanzar su desarrollo. Por los godos la educación seguiría siendo para los ricos y privilegiados, no para todo el mundo, igual que el voto o los derechos de las mujeres.

Pero verlo ahora, naufragando, buscando ser opción de poder y no lograrlo da tristeza. El país debe agradecer lo que tiene, cada vez más poco, gracias a las ideas liberales. Hoy ni ideas quedan.

Pero qué mal anda mi equipo de fútbol. Lo demostrado en esta semana larga por Independiente Santa Fe da grima. Perder de una forma absurda contra un Millonarios que no existe, envuelto en sus líos económicos, accionarios, de intervenciones, de cosas financieras ocultas y atenazado por dos mercachifles del fútbol (como el ex técnico García, que sigue siendo dueño de un porcentaje alto de acciones del equipo) ratifica que no hay proyecto, ni norte, ni guía técnica, ni gerencial, y que la esquiva séptima estrella cada vez está más alto, inalcanzable.

Es un equipo sin alma, sin ideas, sin estilo. Juegan a ver qué sale, como todo el fútbol colombiano, dependiente de alguna jugada inspirada individual, o del error del contrario. Y si algún comentarista o hincha, como yo, se atreve decirle algo al técnico –claro, con respeto- éste estalla, vocifera y aplica la táctica del marido cachón al que pillan in fraganti: ponerse bravo para que nadie le diga nada.

Se le ganó a Atlético Nacional con un tres cero mentiroso, y únicamente porque los verdes paisas pasan por su peor momento a la hora de hacer goles. Antes de los dos goles de aborto sobre el final, el balón le pegaba en los palos o lo sacaban de la raya. Muy de malas, pero en fútbol –y mal que andan- nos pasaron por encima cada vez que quisieron. Y si digo “nos”, es que algo de derecho tengo a decir que una partecita de ese equipo indolente me pertenece, con los años y años de gastar plata para ir al estadio o viajar para verlos, desde hace 34 años, desde los cuatro de edad.

Y lo preocupante de este trío de pilares que andan en un mal proceso, es que no hay salida de sus baches en un corto y ni me atrevo a decir que en un largo plazo.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.