Edición 354

Hay esperanza

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Escucharlos en los taxis, en las calles, en las universidades, en las casas, en las porterías de los edificios públicos, en el estadio, en el restaurante fino dela 93, o en el de huesos de marrano del centro, dan un respiro al corazón inflamado de ocho años de bravuconadas y corrupción.

Hay esperanzaFueron ocho años de mentada libertad de prensa, pero donde los asesinatos, amenazas, exilio y censuras directas y otras autoimpuestas se dieron todos los días. Fueron ocho años de medios de comunicación totalmente plegados al gobernante saliente y esperamos para siempre.

Fueron ochos años de zozobra, de desplazados, de desmovilizados rearmados en inventos mediáticos y calificativos de bandas emergentes, para no nombrar a ese monstruo apocalíptico llamado paramilitarismo que sigue existiendo. Fueron ocho años de una guerrilla que usa el terror del secuestro, de las masacres y del negocio narcotraficante para mantener un poder cada vez más etéreo. Fueron ocho años donde los negocios para los gobernantes y la corrupción en las licitaciones públicas estuvieron a la orden del día.

El inquilino de la Casa de Nariño de los últimos ocho años tendrá que irse, así haga hasta lo imposible para gobernar detrás del trono, como asesor a la sombra de un nefasto candidato, melifluo, y con una carga de muertos asombrosa a su espalda. Nadie olvide los falsos positivos, política inventada por ese personaje no tan “santo”, o su postura arrodillada al narcotráfico en los 80, cuando otros medios frenteros sufrieron asesinatos y bombazos; o lo mal empleador, supresor de derechos laborales y hasta de premios de periodismo para los periodistas en su famiempresa El Tiempo. Acomodado que no le ha ganado nada a nadie, ni sabe qué es ganarse un voto o un puesto con ideas, sólo por sus apellidos y acomodación social.

Fueron ocho años y espero para siempre, de gobernar a punta de encuestas, de intentar hacerse elegir con ese mecanismo gaseoso como pedo, que las gana siempre el que las paga.

Hay esperanzaLa verdadera opinión está en las calles y allí es donde se escucha su nombre extranjero, pero tan enraizado en nuestra Colombia, y en nuestra Bogotá, que más de un asesor de oscuro corazón, como el nefasto José Obdulio –primo hermano de Pablo Escobar Gaviria- debe estar cocinándose en su odio promotor de seguimientos y chuzadas: es lituano, pero tan bogotano como el masato y la oblea, o de “metegoltapa” en cualquier potrero donde se pudiese armar un arco con las maletas del colegio: y no pueden joderlo con calificativos e intentonas de pelea en la que lo quieren meter, como el inquilino palaciego al tratarlo de “caballo discapacitado” por su parkinson.

Antanas Mockus será presidente de Colombia si no le hacen fraude o lo matan. El poder, cuando se ha visto amenazado ha llegado a ese extremo, y si no, repasemos: Rafael Uribe Uribe, Gaitán, Galán, Pizarro…y la lista sigue...

Lo dice la gente en la calle, en los taxis, en los cafés… que votarán por Antanas. Y desde aquí, en Buque de Papel cerramos filas en torno a este verdadero proyecto de centro, como es nuestra bandera, sin rabonadas o mojigaterías opusdeianas… Una iniciativa que sin otra campaña que la decencia y la honestidad (devolvió la mitad de la plata de reposición de votos por las elecciones al Congreso, cuando ningún político lo ha hecho en 200 años) promete torcer el rumbo al caos en el que andamos. La tarea es jodida porque se enfrentará a las mafias que manejan esto desde siempre y que acechan y que están desesperadas y se autosuben el sueldo con “micos” en el legislativo…

Pero hay que ir a votar, y temprano para evitar congestiones o fraudes… Esto es como el fútbol: se gana con goles (léase votos) y no sólo con buenas intenciones…

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.