Edición 354

De calidad y estadística

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¿Quién lo iba a creer? ¿Que del sector más inusitado, que de la orilla más confusa, del hueco más desierto saliera la liebre? Porque cualquiera pudiera pensar que la calidad sale de un laboratorio, de una universidad, de lugares donde la ciencia crece y la inteligencia florece.

De calidad y estadística“Cosa es de volverse loco”, escribió Marroquín, que la dificultad aparezca por donde menos se espera. La dificultad no es para los perezosos y los vagos, según Estanislao Zuleta.

Claro que la “serendipity”, - o la casualidad - también cuenta en los inventos y puede ser origen de respuestas a importantes cuestiones sabias. Pero requiere de un minimun de esfuerzo e interés. Cosa que para nada tienen los políticos de profesión o los gerentes de papeletas. No tienen tiempo para preocuparse de técnicas de medición, ni de curvas y promedios, ni pruebas aleatorias ni de márgenes de error, ni de problemas e hipótesis o de teorías y marco histórico. Apenas si saben de presupuesto y rastreos y sondeos.

¿Qué mosca se paró en la nariz del Consejo electoral que exigió a las firmas encuestadoras rigurosidad y cuentas claras? ¿La calidad se exige ahora por un decreto o una ley o una rabieta presidencial? ¿Por qué fueron confiables los datos de favorabilidad en estos ocho años  de popularidad extrema y ahora se duda de la verdad que aflora ante la hecatombe que llega?

Las decanaturas, oficinas de planeación y centros de investigación de universidades deben estar pasmadas. ¿A qué se debe este exabrupto que una entidad tan insípida se ponga el birrete de rector o la blusa de diseccionador en una clínica? ¿Por qué tanta preocupación de que no se manipulen los datos, que sea claro el universo, que las curvas no se alisen? Eso no lo hacen hoy ni los colegios ni el ICFES, el ICETEX, ni el CNA.

Sin querer el gran Consejo Electoral puso el dedo en la llaga a responsables de la educación y el desarrollo de la ciencia y la tecnología en el país. Los candidatos a profesionales al terminar la carrera deberían presentar un trabajo de grado. Pero las universidades patrocinan el desvío y la pereza ofreciendo “especializaciones” y diplomados de tres meses para reemplazar la embarazosa investigación y hacerse a nuevos dineros además de “derechos” de grado.

¿Quién supervisa los programas de las Universidades? ¿Quién monitorea y califica la trascendencia de la cauda de magísteres y doctorados que pululan en Universidades? ¿Qué hacen los “pares académicos” que se pasean por oficinas y restaurantes? El panorama del desarrollo tecnológico y la bondad de estos postgrados están por verse.

¿Cuántos años lleva un programa de magíster y qué han aportado sus egresados por la región, el país y la ciudad donde se ofrece? O, ¿las cosas siguen igual y peor? Abogados, administradores, médicos pagan inmensas sumas por obtener un nuevo diploma. ¿Sólo sirve como escalón para optar a un puesto oficial o para subir en el escalafón salarial?

¡Ah! paradojas que nos da la vida. Que de un palo seco salgan astillas verdes. Que de un relumbrón y de un susto salten verdades de a bulto. ¿A estas horas estarán agachados Decanos, Rectores, Ministerio y Secretarías de Educación, ICFES, CNA y no habrán entendido el mensaje que deja al aire el inefable Consejo?

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.