Edición 359

El talante Mockus

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Para empezar, me gusta el estilo Mockus porque es colombiano y representa la cultura patria. Nacido, criado y educado en universidades colombianas.

El talante MockusNo lo conozco en persona, pero cuando habla y mueve nerviosamente sus manos y piensa un momento antes de hablar, sé que no tiene un cassete o un chip grabado para responder como una máquina, y que no responde siempre lo mismo.

Mockus es impredecible y actúa de acuerdo con el auditorio que tenga en frente. Se bajó el pantalón en la universidad para decir que entiende y habla el mismo lenguaje del estudiante rebelde y no acartonado. Ayer pudo decir que está triste o que admira bajo un punto de vista a Chávez, o que hará lo que la Constitución exija.

Hoy puede reconocer que se equivocó por algo que fue mal interpretado sin alterarse ni hacer reservas mentales. Me gusta su transparencia y su estilo desgarbado. Es un ser humano falible y no un mesías sapiente o un tirano que aplasta y reta.

Aunque no me gusta que diga que va conservar muchas cosas de este gobierno que fenece, sé que las cargas se equilibrarán en su mandato. Me gusta el respeto con que trata a sus oponentes y la serenidad que le pide a sus seguidores. Me gustan las personas que le rodean y estoy seguro que mañana no lo perseguirán los fantasmas de fotografías ingratas. Sé que serán personas confiables, que dirigirán sus carteras como que representan al pueblo y que harán rendir el erario...

Me gusta su franqueza para decir cosas que no quisiéramos oír sobre impuestos, pero más me gusta cuando habla de una cultura de  legalidad en las compras, en los contratos, en la asignación de cargos, en la calidad de la educación, en que hay que devolver lo que sobra de los gastos de campaña y hace falta a la Nación para siquiera un colegio bien dotado. Se ve que se compadece de la suerte inmerecida de los maestros de escuelas y colegios y de la dignidad de estudiantes. Él si conoce las penurias y la necesidad de mejorar nuestra educación e investigación científica y el bienestar de docentes.

Me conmueve el temblor de sus manos porque no se olvidará de la situación de la salud y la seguridad social en Colombia. Él joven aún tiene un trabajo inmenso que hacer y en el país, cuántos jóvenes y gente madura andan hoy sin porvenir y sin empleo. Me gustan sus manos limpias y al aire que expresan y hablan más que su boca.

Jamás habrán tocado un arma ni habrán señalado a nadie para acusar o insultar o amenazar. Sé que son de carne y hueso pero que detrás está su pensamiento humanista que no tolera el chantaje ni la mordida por debajo de la mesa ni la acción de fuerza sin argumento válido.

Él no tiene bajo la almohada a Maquiavelo por maestro, ni a Marx, ni al Papa ni tiene asesores de guerra, ni tiene banderas extranjeras que se agiten en su predio. El diálogo, la palabra, el girasol y el mimo serán los tanques y murallas de esta tarea que comienza.

Finalmente, me encanta el debilucho Antanas porque no me intimida, no tiene fincas ni caballos ni está comprometido con bancos ni apellidos, no grita ni se sale de casillas. Su figura se asemeja a la de un colombiano raso muy parecido a usted o a mí o a un sencillo campesino del Cauca o Boyacá o de Santander o Sucre o del sufrido Chocó.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.