Edición 363

Ganó la desesperanza (Uribe III)

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No hay palabras ni análisis que resistan al cúmulo subjetivo que aflora horas después de las elecciones presidenciales en Colombia durante su primera vuelta. Los dedos y la cabeza están calientes.

Es claro que muchas cosas ocurrieron como han sucedido durante 200 años de la mal llamada “vida democrática”, en un país con más del 60 por ciento de la población excluida y en la miseria, con el desempleo rampante y las ciudades y campos en manos del narco y del hampa. Y a esto, que es real y se vive en las calles, lo llaman “seguridad democrática”. Esa diferencia tan marcada en los resultados electorales entre el candidato Santos y Mockus dan mucho de qué pensar. Pero más allá de rasgarse las vestiduras y decir que hubo fraude, que es la salida facilista, más bien pienso que los resultados son el reflejo de lo que el país es: uno lleno de gente ignorante y manipulable.

Luego del descalabro del Caguán con Pastrana el país se anestesió ocho años y centró todos sus males en un grupo guerrillero y que usa el terrorismo como arma de presión, como es las Farc. Y anestesiado sigue, porque los verdaderos problemas que son la apología social y permisiva al narcotráfico, la idealización del traqueto y de la puta operada, la violencia cotidiana, la de niños violados y asesinados, la de mujeres golpeadas brutalmente, la del crecimiento de las pandillas que escudadas en camisetas de equipos de fútbol matan porque sí, la falta de oportunidades y de un primer trabajo para toda la recua de universitarios que terminan sus estudios y salen a fracasar al estrellarse contra el aire, contra el inexistente mercado laboral, siguen vigentes y no ha habido “Mesías” que lo supere, o que tan siquiera lo mencione.

Pero el mal mayor, el de la ignorancia es el que nos está acabando a pasos agigantados. El desconocimiento básico del respeto por el otro, por la diferencia, de los derechos fundamentales, de la honestidad, la transparencia y la buena onda es el que socava día a día a este paraíso que pronto dejará de serlo.

Aquí se prefiere la plata fácil, las palabras vanas, los efectos mediáticos, las encuestas manipuladas. Si alguien habla de honestidad, de méritos, de dar a cada quien lo suyo, se mira como el loco salido del manicomio, el marciano que aterrizó en el lugar y tiempo equivocados. Y eso he dicho siempre de Antanas: que es un adelantado a esta época del país, y en especial, su estatura moral e intelectual supera con creces a esta merza de idiotas útiles que se llaman colombianos. Esperábamos que los jóvenes fueran más y los resultados promediando la noche del domingo 30 de mayo reflejan que son acertados: a Mockus lo apoyaron los primeros votantes, los de18 a 21 años, que suman más de 3 millones del censo, el resultado que finalmente obtuvo el candidato verde, y que quedó en eso, en lo biche. Los demás jóvenes, los importaculistas volvieron a sacar el bote y dejaron naufragar ese sueño de cambio en Colombia. La abstención fue la gran ganadora otra vez. No podemos volver esto generacional ni echarle la culpa a los mayores, porque los viejos, como mis papás, que hacía años no votaban fueron a cumplir con su deber y por candidatos diferentes a Mockus y al del establecimiento, Santos.

El lío es que a esos jóvenes primíparos  nadie arropó y van a quedar con muy mal sabor en la boca, al ver que hicieron juiciosos la tarea y los dejaron solos. Nada, eso es lo que les importan los jóvenes a los políticos tradicionales, a los mafiosos del PIN, a los conservadores que se traicionan así mismos y que se fugaron con los uribistas, los de los puestos para su rosca, para sus negocios en las licitaciones y para la corrupción que nadie castiga en Colombia.

Queda la segunda vuelta, pero con las uniones y volteos de los demás es difícil que la esperanza madure en Colombia. Seguirá siendo verde quién sabe por cuántas generaciones más. Los de siempre, los mismos, los vargaslleras y noemices se irán con el que sacó tamaña ventaja en esta primera ronda, con Santos, con el que nunca ganó nada con esfuerzo, con el oligarca igual que ellos, con el que les dará puestos y cuotas burocráticas, como ha sido tradición desde siempre en este hermoso, pero cada vez más decadente país, porque esa, la decadencia no se compra en una esquina. La decadencia no es que todo el mundo meta drogas o se alcoholice en las calles (parece real un viernes en cualquier zona de rumba universitaria, por ejemplo). La decadencia es moral, es interna, carcome el interior humano, ese, al que le importa un culo que haya niños muriéndose en las calles de hambre y los poderosos, los de siempre sigan marraneando a un pueblo pacato, ignorante y manejable que es el colombiano y al cual abjuro desde hoy.

Sí, claro, pronto agarro mis chinos, que son mi futuro, a quienes les enseñaré valores y principios y lo buscaré en otro lugar menos podrido y vendido que este, como Bolivia. ¡Viva Evo!

Colilla: ver a mi viejo con esa tristeza en la cara diciendo “se acabó mi partido, el de mis mayores”, me destrozó más el alma el domingo electoral. Lo del Partido Liberal da vergüenza, y lo peor es que va a seguir como las instituciones, como los equipos de fútbol y la Iglesia, acabándose. ¿O que son hoy Millonarios y Santa Fe?

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.