Edición 372

El globo verde no se ha desinflado

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Como plañideras pagas no podemos echarnos a llorar. A cualquiera se le puede derramar un poco de leche. Y por ello el mundo no se ha acabado. Se nos olvida que el Verde no es un partido oficial y con sus mañas.

Es un movimiento, es un equipo, es una fuerza que con la unión se fortalece. Como en las grandes series, el equipo ha pasado a la final por repechaje, y ahí estamos. Como dijeron los “alumnos” del profesor en la reunión del resultado del domingo 30, “pasamos el parcial y vamos a estudiar por el final”.

Se cometieron errores como atacar mostrando los dientes a quienes se nos parecían, excluir de nuestras toldas a quienes estaban sentados al lado. Esa no es nuestra filosofía. Tampoco estuvo bien querer una discusión con generalidades. La suma y la multiplicación tienen unos elementos y unas teorías, pero también tienen unos resultados. No podremos excluir el diálogo productivo de nuestra propuesta, porque se quedaría Hábermas por fuera. Tener como sello del Movimiento la legalidad se debe ofrecer por igual a todos. No podemos excluir a nadie, ni siquiera a los insurgentes, ni al narcotráfico, ni a los paras, ni al comerciante ni al banquero, mucho menos a quienes están a nuestro lado.

La abstención continúa en Colombia. No hubo siquiera los 16 millones prometidos por la Registraduría. Esa es una señal de que las propuestas no sedujeron y no produjeron el encantamiento necesario. Es una oportunidad, no un rechazo. Pudo más encerrar a las mayorías la cadena del continuismo y la carrera armamentista que la oferta de civilidad y legalidad. No se concretó con “productos” evidentes para una gran masa indecisa que espera el espectáculo del mago cuando saca de la manga el as en el pañuelo. Mockus hizo los visajes del brujo que anuncia la aparición de un animalito pero dejó esperando que el conejo sacara las orejas y se comiera la zanahoria.

Mockus ya demostró hasta la saciedad que es un experto académico y que tiene amigos por montones en las universidades. Ha mostrado su talante de pensador y ético. Sólo le falta dar el salto que lo saque de las aulas y lo lleve hasta el terreno pragmático de las propuestas que un estadista debe tener en su carpeta.

El elector aspira a saber qué tiene como capital su candidato para jugar con él la carta de su voto. Santos tiene a Uribe y lo que hizo en ocho años. Mockus, a cambio, debe ofrecer cosas concretas, no silogismos y piruetas. Esa gran masa expectante quiere asistir a un nuevo espectáculo, emocionante, que lo cautive. Que no sea la guerra, la corrupción y los impuestos. No quiere sustos, bombas, celadas, sorpresas en la esquina. Desde Nerón hasta hoy estamos en un circo y el gobernante, a más del “concepto” de cultura deberá ofrecer pan, trabajo, salud, justicia en el ruedo. No más toros, ni cuatrimotos, ni caballos, ni máquinas de humo.

¿Cómo atraer a quienes quedaron en la arena? Petro tuvo agallas para mostrar sus ases y convenció sin pensar en su pasado. Vargas Lleras tradujo las aspiraciones de un pueblo que dejó acabar el patrimonio de su abuelo en estos ocho años. Se cerraron los ministerios sociales de Trabajo, Justicia, Salud y el Seguro Social y Telecom. Se están vendiendo ahora las últimas empresas insignias del Estado. El Partido Liberal se quedó con la bandera solitaria en el rincón del sexto puesto. ¿Para dónde mirarán sus militantes? Con sólo el estribillo de “la unión hace la fuerza” no es suficiente. Habrá que mostrar fórmulas explícitas, específicas, que tengan cuerpo con cabeza y cola, no fantasmas y hologramas. Ya habrá tiempo para usar los juegos para campañas de aseo o de educación en calles y mercados.

El juego político debe ser veloz. No se podrá confiar demasiado en las “redes sociales” sino en los votos reales. Con sólo entusiasmo no basta. Y, ojo con Familias en acción y otras ayudas ilegales del gobierno. Me imagino que ya estarán las denuncias en camino, con los videos y confrontación de los listados en las mesas de votación y las sedes de inscripción de esas Acciones sociales. Faltan los últimos noventa minutos de la segunda vuelta. A Colombia y al Movimiento verde no le pueden faltar los cinco centavos de siempre.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.