Edición 359

Tres millones de gracias, Antanas

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Es difícil digerir la derrota. Costa de Marfil lo intentó hacer frente al deslucido, pero chispeante Brasil, que juega horrible pero gana, y al contrario, se atraganta con la victoria.

Hoy cuando se jugó el partido entre estas dos selecciones en la primera ronda del mundial de fútbol, aquí en Colombia se enfrentaba la segunda vuelta presidencial entre Juan Manuel Santos, candidato oficial del Gobierno moribundo reelegido y Antanas Mockus, del Partido Verde. Y también ganó la aplanadora. Con fraude o con el volteo de los otros partidos que perdieron la primera vuelta y corrieron a su encuentro para ganar uno que otro puestico, Santos, de familia y talante oligárquico sacó un millón 300 mil votos más que el mesías Álvaro Uribe en su reelección de 2006 y se convirtió en el presidente elegido con más votos de la historia.

Por eso y antes de meterme a hacer las decenas de críticas fundamentadas contra el ganador, como el fraude en el conteo de la primera vuelta, la campaña sucia y el desbalance de ofrecer 60 mil pesos y amenazas para comprar las conciencias de los ignorantes pobres mentales y de estómago del país, prefiero repetir la imagen de Didier Drogba, de lejos el mejor jugador marfileño de su historia, que a pesar de la derrota no se dio en la jeta contra Kaká y su gente brasileña, a la que hace años se les olvidó qué es la humildad, una que sí tenían otras generaciones no sólo de futbolistas, sino de seres humanos ¡Si hasta los argentinos parecen sencillos al lado de los actuales garotos!

Por eso les doy tres millones 500 mil gracias a Antanas Mockus, sus colaboradores del Partido Verde y a los votantes que desafiaron el temporal que cayó en todo el país, (lindo presagio) el mundial y la pereza eterna que caracteriza al colombiano promedio. Los tres millones 500 mil ciudadanos salimos a las calles anegadas, atravesamos charcos, ríos embravecidos y votamos temprano, incluso para poder ver el partido de fútbol.

Son tres millones y medio de esperanzas, de buenas propuestas, de honestidad y transparencia, valores tan enormes, que el candidato ganador, ahíto y flatulento de victoria nunca sabrá qué significan y mucho menos cómo se aplican. Sólo le echaba en cara en los debates al honesto su honestidad, porque su presente de whisky, cocaína y golf lo embrutecen cada día más. Con seguridad ese presente de delfín no le dará tiempo para trabajar por lo que repiten los imbéciles periodistas de los medios vendidos: “el presidente Santos prometió crear dos millones y medio de empleos; el presidente Santos prometió acabar con la pobreza y miseria nacionales” ¿No qué la pobreza había disminuido y que esto era Suiza? ¿Qué los más de 4 millones de desplazados y otro tanto de desempleados no existen y son inventos de la oposición? Pero a estas verdades la mayoría del pueblo que podía votar prefirió seguir ignorándolas, decidió quedarse en la comodidad de sus ranchos malsanos o casas medias, o lujosas mansiones y no salió a votar por el cambio, y si no hubo fraude, prefirieron seguir en la misma mierda.

Así se vieron los puestos de votación y los primeros informes de los periodistas vendidos: que la abstención sería la ganadora. Y luego el sorprendente resultado de las seis de la tarde dice que 12 millones de personas votaron en todo el país, tan sólo tres millones menos que la primera vuelta. ¿Y entonces? ¿Dónde estaba la gran abstención?, ¿A qué horas votaron siete millones de personas, cuando media hora antes de cerrar los comicios, los medios revelaban que tan sólo 6 millones 700 mil personas habían votado, según la Registraduría? Y nadie piensa mal. Sería ser terrorista si se cuestiona.

Pero la mayoría de ciudadanos, los más de 15 millones que pueden votar y no lo hacen nunca, son los primeros que chillan y protestan, pero no se empoderan de su futuro ni el de sus hijos drogadictos y delincuentes, que son el fruto y reflejo de sus fracasadas vidas. Cuando hay una oportunidad de cambio decidieron cerrar los ojos y saltar al precipicio, ese sí, el que representa el drogadicto presidente.

Por eso Antanas, gracias por intentarlo y gracias a los tres millones de personas que votamos por él en la primera vuelta. Con trabajo y dedicación crecimos 600 mil votos más, a pesar del descrédito, la burla malsana a través de los medios y de los debates amañados y de la ignorancia en la que está sumido este país y de la que será difícil salir. Una ignorancia tal, que hasta los periodistas políticos de la televisión califican del “inicio de rumba”, en el Coliseo El Campín, alquilado y lleno hasta las banderas, -claro, cobrando la entrada- donde seguramente también tomarán y meterán coca, como es su costumbre.

Por eso Antanas y verdes, sigan su camino de trabajo y esfuerzo de educación y de enseñanza de la justicia, de control político, el único independiente y verdadero, para hacerle entender a esta merza de estúpidos que son los colombianos, que empeñaron una vez más su futuro. Al menos, ese futuro, el de Santos, no será el de mis hijos que lo verán en otro país.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.