Edición 353

¿Aló, Bogotá 2110?

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Sí, suena extraño eso de intentar establecer puentes a través del espacio y del tiempo con nuestras generaciones futuras, las que habitarán la sabana de Bogotá dentro de cien años y que tendrán la oportunidad de abrir la urna del bicentenario.

¿Aló, Bogotá 2110?Con sus virtudes y problemas, con sus grandes adelantos y retrocesos que no serán otros que los de la misma humanidad, los bogotanos del 2110 tendrán la oportunidad de abrir esa urna que buscará llenarse de acá a finalizar septiembre, con los documentos que marcaron la historia de la capital colombiana y del país , desde 1910 a este año, 2010.

Y serán los nietos de nuestros hijos, que sobrepasando los treinta se sorprenderán con nuestros anhelos de paz, de una verdadera libertad e independencia de la violencia que nos carcome como sociedad, y de los adelantos tecnológicos en boga, que dentro de una centuria serán –no cabe la menor duda- de museo, como el I Pod, el celular, o los videojuegos al estilo Wii.

Y fue en la apertura de la urna del centenario, envuelta en misterio y con todo el halo de lo descabellada que resulta a veces nuestra historia, como por ejemplo, durar arrumada más de dos décadas un frío sótano de la alcaldía mayor, en que todas esas dudas sobre qué contendrá la nueva caja nos asaltaron a los asistentes al archivo de Bogotá, este 20 de julio de 2010.

No había nadie más contento que el alcalde, Samuel Moreno, que al menos deja un tanto las preocupaciones por la madera que le dan en los medios y en la ciudad por todos los problemas que aquejan a la capital sin que haya alguna solución al respecto, o al menos el trabajo para visualizarla, como la inseguridad. No. Hoy era el escenario para la historia.

Y fue así como al abrirla en presencia del presidente Álvaro Uribe, con esa curiosidad que tienen nuestros niños, ambos atisbaron hacia su interior y sintieron el golpe del olor y de las bacterias de 100 años guardadas, pero se deslumbraron y sorprendieron por la calidad en el estado de conservación y el cerrado al vacío de las cajas de seguridad más famosas del mundo, como las Fichet, de Francia. Al lado del alcalde, estaba Carlos Ballen (se pronuncia balén), el representante de la marca en el país, con la cara de ponqué al saber que no tuvo que romper la urna, como se preparaba desde hacía ocho meses, al no aparecer la llave.

¿Aló, Bogotá 2110?Finalmente, fue como si los espíritus de esos bogotanos centenarios de la independencia, los de 1910, hubiesen trascendido el tiempo y permitieran que la única llave apareciera en el recuerdo de la familia Urdaneta, del notario segundo de Bogotá, que la guardaba celosamente hace 50 años y dejó el claro mensaje de entregarla al alcalde de turno en este día.

La clave de todo esto, como se lo preguntaron al mandatario, es ¿qué nos queda de reflexión sobre la independencia, o el grito, el inicio de la misma en Colombia? El historiador William Ospina, y director del programa bicentenario del distrito capital, lo condensó en indicar que “más allá del brindis de la celebración, se abre todo un espacio, un clima de reflexión de qué hemos sido como país en dos siglos y para dónde vamos como nación para los próximos tres”.

Ahora, pensemos en qué metemos en la nueva urna, para que nuestros nietos y sus hijos puedan sorprenderse como lo hicimos todos hoy, al constatar que el tiempo es inexorable, pero puede detenerse o mejor, eternizarse en las fotografías y objetos de valor para una sociedad, para un país, para una historia.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.