Edición 359

Penas y trabajos forzados para unos e indulgencias para otros

PDFImprimirCorreo electrónico

El hilo se revienta por la parte más delgada, nos muestra la experiencia de la vida. Los hechos son casa grande que deja la puerta abierta para que hasta el más ingenuo mire y vea lo que ocurre adentro en la recámara. No hay necesidad de ir a estudiar criminalística o jurisprudencia para comprender lo que pasa en juzgados y tribunales.

Tanta impunidad, tanto delincuente suelto por las calles, tanto joven sin trabajo, tanto atraco y sicariato, tanta corrupción en instituciones del estado y de la empresa privada, tanto afán de ganar fácilmente dinero y el Estado impávido.

Por su parte el Ejecutivo se mesa los cabellos y echa la culpa a las Cortes y al sistema judicial por su inactividad, porque dejan acumular los expedientes y porque de vez en cuando mandan a la cárcel a sus amigos. La policía captura a capos, a los raponeros, con gran propaganda y aparato teatral en el sitio de los hechos y al momento andan sueltos los sujetos. Los jueces se quejaban de que no tenían computadores ni oficinas. Ahora se quejan de que sólo aplican la ley inocua que le sirve en plato el sapiente y precavido Congreso con los proyectos del Ejecutivo y de que el tiempo lo gastan fallando el mar inagotable de tutelas para salvaguardar los derechos al trabajo y la salud.

¿De quién es la responsabilidad de este gran desbarajuste social y judicial? ¿A qué organismos se endilgará la ausencia de orden, de disciplina social, y el aumento de tanto crimen en nuestras ciudades y de tanta impunidad?

¿Quiénes, entonces llenan todas las cárceles y lugares de rehabilitación? ¿A qué se debe que un guarda de tránsito deba ir a pagar 11 años de cárcel por recibir 50 mil pesos por coima y los contratistas e intermediarios que han desfalcado las arcas de estado anden tranquilos en su casa y con avión particular?

¿A qué el afán de decir que se van a aumentar las penas y a rebajar al edad para que los menores también purguen por buscar en la delincuencia el trabajo que se les niega en la sociedad? Nuestro Código Penal, junto con el de procedimiento son un hazme reír pues sólo sirve para la gente ruana. Para ellos no hay principio de oportunidad ni abogado que lo invoque ni manillas de seguridad.

Las audiencias se han convertido en confesionario de pueblo y público donde el reo se “arrepiente”, suelta dos lágrimas y queda libre del pecado de delinquir. Y queda en el aire que habrá colaboración para delaciones importantes contra los autores “intelectuales” y por los ilícitos pasan a la picota pública, entonces, pobres aseadoras, vendedoras de tinto.
Mientras tanto, empresarios, banqueros, cooperativas de trabajo siguen llenándose de billones. El capital nacional está en bancos extranjeros o se está dilapidando en armamentismo y gastos del Estado, la deuda pública aumenta y los jóvenes y nuevos profesionales no encuentran fuentes de trabajo acordes con su capacidad y dignidad. 

No se rehabilita a un joven con carcelazos sino con capacitación, oferta de trabajo y pago decente. Ni se estimula a la calidad académica en universidades para salir a ganar, forzados por la necesidad, un simple salario mínimo como rasos albañiles. La justicia no consiste en echar a las promesas de la sociedad a la cárcel. Ni se encontrará la prosperidad con leyes a favor de los avivatos y corruptos.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.