Edición 363

Con mi barrio no se metan

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La mafia de la  prostitución adelanta un nuevo intento para declarar una zona de la ciudad como de “alto impacto”, con el objetivo de poder establecer sus burdeles y seguir con el lucrativo negocio generado por el oficio más viejo del mundo.

El objetivo es el barrio Marsella, al suroccidente de la ciudad y que desde hace años viene en franco deterioro, motivado por unas juntas de acción comunal en donde sus integrantes se lucraron y obtuvieron dividendos para ellos, como con la venta de lotes de la comunidad para la construcción de la urbanización Villa Verónica, al lado del caño Fucha.

Pero entre las pifias más grandes, que tal vez respondan a esa necesidad de rebajar la calidad de un barrio otrora residencial y bello, fue la de reducir su estrato: usando el caballito de batalla de que los servicios en la ciudad estaban carísimos (o siguen estando), y antes de la acometida de la red de gas natural, se pidió con firmas de incautos ciudadanos la rebaja del 4 al 3.

Pero lo que no pensaron los ingenuos ciudadanos es con la medida las casas perdieron valor y se abrió la compuerta –a como dijo el padre García Herreros al referirse al crecimiento desordenado y desmesurado del comercio que se presentó en el barrio Quirigüa- a la  “quirigüización” de Marsella y la ciudad. Aunque este fenómeno se extiende y no tiene forma de detenerse, en especial con un desempleo o rebusque tan alto.

Ya con la puerta abierta para ese comercio de unos pocos que afectó la tranquilidad de muchos o de la mayoría, llegaron los talleres al lado de las fritanguerías y los bares y discotecas, causantes de muchos problemas con muertos y heridos y con un desorden social que esconde a esa droga que todo el mundo tolera y magnifica llamada alcohol.

Pero la acción decidida de varios de los viejos residentes que fueron “colonos” en esta zona hace 50 años, cuando se abrió la Avenida de las Américas en los años 60, permitió meter en cintura a esos ”bares” que son fachada para la venta de drogas y prostitución camuflada. El ruido era tal que nadie podía dormir con el retumbar de los amplificadores sobre las paredes: tum, tum, tum, toda la noche; peleas, sexo en la calle, en fin un desorden parecido a “cuadrapicha”, en el barrio Américas, que también sufrió ese deterioro. Los viejos residentes hicieron que estos antros redujeran el nivel de ruido e invirtieran en insonorización acústica.

Ahora, un grupo de esos mafiosos que nunca da la cara –es típico- convence y con mucho dinero a algunos concejales de la ciudad para llegar a esa declaratoria. Y eso sí que no. Con mi barrio, donde nací, crecí, tuve mis primeras novias y amigos de entraña; donde el fútbol aficionado ha sido tradición durante 5 décadas, nadie se mete. ¡Qué bello patear la bola en los antejardines de las casas! así le rompiéramos el ventanal a doña Carmen, la vecina; jugar con los niños a los carros, al rejo quemado, al tarro, al soldado libertado, al trompo, canicas y yo-yo, para qué ahora nos lo vayan a “putear”, literalmente.

Es ingenuo creer que esos mafiosos darán la cara así como los concejales que se dejaron “engrasar” o sobornar. Pero si la declaratoria llega, haremos movilizaciones, bloqueos, acciones comando, contra cualquier imbécil que intente alterar más una tranquilidad que se ha perdido con los años. Así que inténtelo a ver quién gana, si el poder mafioso que nos arrodilló a todo el país o la unidad ciudadana y comunitaria que mueve montañas y que no se ha dejado joder en más de 50 años con intentos de invasión y demás sucesos en mi barrio Marsella.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.