Edición 363

Dialogar resulta más barato

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Esta frase con la que comienzo el texto diario que mascullo entre teclas y saliva mental la encontré en una revista comercial. No importa. A mí me ha estado sonando que aplica también para el caso del gobierno con la guerrilla.

Claro que eso se lo ha estado martillando la opinión pública a todos los gobiernos anteriores y al ejército que anda cargando fusiles, andando trochas y buscando guerrilleros donde no hay. No importa que la frase se la digan con toda verdad los vendedores a los dueños de mercancías para que rebajen los precios y hagan más capital sin dejarse convencer del cuento de Banrepública sobre la inflación.

El diálogo lo inventó un día el cavernícola con una piedra en la mano para pelear por un fósforo que calentara sus fríos y para hacer una aguadepanela. ¿Qué sacaba con darle en la cabeza al poseedor del tesoro del pedernal que guardaba en su bolsillo de hojas de yarumo? Era más fácil sentarse sobre el barranco a conversar sobre la hermandad, la utilidad de amistad, y llegar a gozar de los bienes que da el trabajo mutuo y la buena vecindad.

¿Para qué enfrascarse – dijo el troglodita -  en riñas, pataletas, ofensas, maldiciones si darse la mano era más fácil para progresar y conseguir la paz? ¿Acaso no se ha dicho que a cambio de grandes discursos sobre la supremacía, la soberanía, el imperio de la ley, el pragmatismo es la mejor receta? Así nació en el mundo el diálogo. Esa palabreja no la descubrió Einstein, ni Aristóteles ni Barba Azul. La descubrió nada menos que el sentido común.

¿Acaso no fue con el diálogo que usted ennovió a la mujer de sus ojos, cuando usted se sentó en la banca de la plaza y le pintó pajaritos de oro? Tal vez tuvieron que pasar antes supuestos desaires, voltear de caras, escondidas tras las esquinas, palmadas en la cara. ¿Acaso nunca se sentó con sus amigotes en el cafetín del pueblo a charlar, echar chismes y a desbarrar de todos y/o a desvestir con la mirada a cuanta fémina pasaba? Qué diversión tan barata, qué risas, que paz espiritual daban aquellas reuniones. Tal vez alguna que otra vez se pasaron de tragos o de tintos y a alguien lo tocó empeñar el reloj o dejar firmado un vale y volvieron luego a reír y contar anécdotas por horas.

Pero eso no se quiere trasladar al solemne gobierno. No. Hay que comprar más armas y esconderse en las trincheras o montarse en blackhawks o en tucanos silenciosos con radares infrarrojos que detectan el punto exacto donde tiene el “enemigo” colombiano sus campamentos. Hay que invertir el presupuesto para la salud, para la educación, para dar más empleo, en más vituallas y comodidades para la guerra y luego decir que no hay sostenibilidad fiscal. Parece rico andar como Tin Tan vestido de charreteras y cananas.

La paz no requiere ladrillos ni rocas ni aks47 para defenderse o atacar. Ese viejo refrán latino “si quieres la paz prepara la guerra” es una falacia y un engaño. La tal frase de la seguridad democrática, está comprobado, solo sirvió para expoliar campos, incendiar caseríos, violar mujeres, conseguir trofeos de falsos positivos, y para gastar billones que se hubieran podido economizar para salvar de la pobreza a tanto colombiano. Sí. Es más barato dialogar. La política del buen trato que anda en las cartillas oficiales es para que la empiecen a practicar nuestros mandatarios.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.