Edición 355

Si se calla el cantor…

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Calla la vida. O la callaron a tiros. El asesinato de Facundo Cabral en Guatemala demuestra que para morir sólo falta estar vivo y en el lugar equivocado. Puede sonar a cliché, pero la vida del cantautor argentino fue de tragedia en tragedia, de choque en choque, y terminó mal.

 

Autista hasta los nueve años cuando sale del submundo mental para ir por el lado rebelde, problemático, alcoholizado, y luego abrazar a Dios y tomar una guitarra que no dejó nunca más.

Cuando todo se creía superado, y luego de alabar a la vida y empezar a tener reconocimiento en la Argentina reprimida y luego exiliada, se casa con el amor de su vida veinte años menor y tienen una hija. Ambas mueren en un accidente aéreo.

Destrozado llega hasta la India y baña leprosos con su gran amiga, Teresa de Calcuta, a la que siempre mencionó en sus presentaciones.

Estuvo en Bogotá muchas veces, en especial a partir de la década de los 90, y cuando los conciertos de artistas comenzó a perfilarse como un negocio pulpo. Por fin descubrí quién era el tipo. Trabajaba en la emisora Minuto de Dios con un programa propio latinoamericanista y luego de insistir, rogar, y casi barrer, logramos una entrevista con el hombre en el hotel Tequendama. De hablar pausado, sencillo, pero muy enfático en sus creencias, compartió un rato conmigo y un compañero de trabajo, cuando teníamos 20 años y todo por delante, aún. Nunca se me olvidará la frase que soltó en la entrevista y que hacía parte de su show: “hacer el amor es como llorar, reír y orinar al mismo tiempo”. Tenía entonces una novia con la que nos pasaba exactamente ello. Ahí entró en mi corazón para nunca más salir. Y así me ganó, y a varias generaciones latinoamericanas, con todos sus comentarios inteligentes, sus críticas contra nuestros gobernantes estúpidos, mediocres y corruptos, nuestras sociedades consumistas y consumidas, donde vale más la plata que la valía personal, el poder que los valores, la violencia, que el amor.

Y lo mataron, como a un perro. Un balazo en su cabeza de las múltiples ráfagas contra el auto donde viajaban con el empresario. Buscaron ayuda en una estación de bomberos y no pudieron hacer nada. Desde hace años, la impunidad en Guatemala es pan de cada día, en especial con las bandas del crimen organizado que quedaron luego de la mala paz firmada y la desmovilización sin oportunidades; como se hizo aquí, y como se ve en las calles, campos y ciudades.

En fin, podría quedarme horas y horas frente a estas teclas exorcizando la muerte de una persona tan especial, tan jodida, pero tan guerrera con la vida de mierda que le tocó enfrentar. Y lo asumió cantando. Otros, prefieren dar bala, o insistir en twitter.

Colilla: me gusta el Bolillo Gómez del “reverzaso hacia atrás”. Pese a la eliminación, por dos errores groseros del arquero Neco Martínez, el patrón convocó a los que era y jugaron los que eran. Las críticas de rosca paisa y toda esa boludez de siempre con un equipo de fútbol parecen haber quedado atrás. El grupo está unido y lo demuestra en la cancha y en el hotel. Por fin volvimos a jugar a algo, con una identidad que recuperamos, como Perú; no así Brasil (horror de equipo reventando la pelota a cualquier parte). No me quería  ilusionar pero había con qué. Debo decir que lo de la selección Colombia es un caso raro en el fútbol show, industria y dinero de la actualidad. Por fin están entendiendo que eso viene por añadidura, porque la chequera no corre, mete, piensa, ama, respira fútbol. Tan sólo lo compra. No se pudo más en la Copa América. Argentina tampoco lo logró.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.