Edición 364

La justicia no mejora y está coja

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La justicia no es la policía ni la Dijin, ni el ex-das. Ni siquiera es el conjunto de jueces o fiscales. No es el concepto escrito en millones de libros que la elogian y de la que se habla a boca llena. La Justicia es una palabra simple que se ha manipulado y que se ha convertido en burla con brazaletes, chips, leyes, excepciones, incisos peligrosos, permisos, interpretaciones y preclusión por vencimiento de términos.

Ahora se está hablando de "reforma" a la Justicia. Nadie entiende, - ni los de las altas Cortes – a qué se llama Justicia y qué se busca con la reforma.

El sindicato A-sonal tan sonado, siempre ha dicho que la justicia ha estado descuidada. Llaman justicia al aparato que debiera hacer justicia con sus fallos. Hablaron de las condiciones físicas, las oficinas, - unos cuchitriles - los estantes desbaratados, los folios, las obsoletas Remington de tecla que fueron insignia de vejez y parsimonia hace unos 40 años. Se les cambiaron las sedes por "palacios" y se les compraron computadores de última generación y se les brindó la comodidad ansiada y luchada con las consignas de siempre. Hasta se les ve en reuniones con blackberrys.

La Constitución del 91 les quitó a los abogados y oficiales que no sabían de administración y contaduría ese peso de encima y creó el Consejo "Superior" de la Judicatura para que funcionara expedita la Rama Judicial. Se abrió la Escuela Lara Bonilla para capacitar a Jueces y subalternos. Y... nada. La sal saló igual, a la misma medida o ya es insípida. El Consejo se volvió burocracia y ahora se oye y se discute si es más saludable para el país que desaparezca. Y sigue sucediendo que los expedientes se arruman y los muestran por TV como monumento a la indolencia. Habrá que trasladarlos con montacargas a la horca o a Paloquemao.

Las leyes que en "su" sabiduría o sus costumbres votó el Congreso para descongestionar los despachos judiciales con los principios de oportunidad, de celeridad, la rebaja de penas, la creación de otras jurisdicciones como la agraria, la administrativa, los jueces de paz, no dieron frutos óptimos. La ley 100 que dio origen a las EPS, al oprobioso POS, inundó de tutelas a la Nación. Hacer justicia se ha vuelto un completo desorden y galimatías. Más ahora con las leyes de restitución de tierras y de justicia, paz y reparación de víctimas. La justicia se ha hecho nugatoria.

¿En qué queda el concepto de justicia de dar a cada uno según sus obras, sus derechos y obligaciones? ¿En qué queda el concepto raso de que la justicia implica que las decisiones sean imparciales y rápidas para curar las heridas que sufre la sociedad y para consolidar la democracia? De los Despachos judiciales se podría decir que son como otras EPS que se quedaron en palacios desocupados y que la medicina que deben administrar llega cuando el beneficiario ha muerto.

Se ha ido perdiendo la confianza en la majestad de la Justicia entendida como la instancia a que acude el ciudadano para solicitar que se le restituya un derecho conculcado. Ya los magistrados andan tras otros intereses. Se han concedido pensiones altísimas en cortos períodos a amigos, se ve rivalidad entre una corte y otra y ahora piden más plata para funcionamiento. Se da pie a que las otras ramas se miren entre sí con recelo. Ha habido relajamiento en la aplicación de normas. ¿Por qué no se pone cada despacho a agilizar su trabajo, por qué no se respetan los términos, por qué se cambian tan inopinadamente a los jueces y fiscales cuando el fallo está ad portas?

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.