Edición 375

El veraz-dicto de la historia

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Del paso por la Universidad, como estudiante y docente y de mis lecturas y experiencias, me resulta algo confuso entender si la historia debe demorarse como una corte o un juzgado para dar su veredicto. Algunos doctos dicen que la historia tarda 50 o 60 años para poder evaluar hechos y personajes con justicia.

 

La historia, esa señora sin antiparras y ceño fruncido, anda muy ocupada en leer, tomar respiro, revisar videos como las Comisiones de árbitros de fútbol. En su mesa están los nombres de solo presidentes, famosos antropoides, traidores o inventores. Hasta allí no le llegan expedientes de seres rasos, incoloros. Y si le llegan por debajo de la puerta, los mira de reojo, los toma en su puño y, después de arrugarlos, los bota al Olvido. Ella se ocupa de casos grandes, jugosos, escabrosos, de guerras, fratricidios, incendios fatales y naufragios. Ni el Titanic se libró del veredicto exacto.

Para dar el veredicto, - dicen – se esconde por días, consulta con la almohada, llama por el teléfono rojo a la BBC, a CNN y a Julián Assange. Toma apuntes, borra, se trasnocha y al fin una buena noche, llama a rueda de prensa y con toga sepia lee ella misma el comunicado. No tiene voceros ni consigue testigos que la avalen ni paga a los periódicos para que den la chiva.

El veredicto suele ser lacónico como el de los espartanos. ¿Para qué darle la vuelta como hace el perro a la presa, si el hambre de los espectadores es supina? Los chismes son sabrosos y nadie se los quiere perder. Como el carnicero, la Historia lanza a la calle el hueso y que los perros se lo rapen. Su verdad, a diferencia de la justicia, no se tapa la cara ni anda del brazo de la espada, ni es contrahecha o coja o ciega o tartamuda que habla a pedazos. No. Dice la verdad a secas, sin necesidad de tomar agua. No hay doble instancia, ni apelaciones, ni se suspenden las audiencias ni hay lugar a preclusión. Esa es la garantía. No expide copias ni tiene laptop ni permite filtraciones.

La Historia ha sido malinterpretada. Muchas veces da el veredicto en tres meses o, - incluso – en apenas 30 días. Son tan contundentes las razones que los hechos son tozudos y aparecen de bulto. La Historia no tiene otro trabajo que decir esto fue así, tales son los hechos, luego la conclusión es clara. Muchos juicios que ha proferido la boca de la Historia han sido producto de pocos días y no le ha temblado la mano para que el veredicto sea conocido.

Es lo que ha sucedido con los dos últimos períodos de gobierno de Colombia. Los hechos de corrupción y robo al fisco en todos los niveles, los genocidios, el aumento de la criminalidad común y del narcotráfico, el desempleo, el abismo de desigualdad social, la dificultad para preservar la salud, el nulo auxilio al campesino, la tala de los bosques, la entrega de la minería nacional a concesionarios extranjeros, … la lista es larga. Ya la Historia en menos de un año tiene escrito su veredicto en sus entrañas. Es el peor período en la fracturada vida de la Patria. Muchos de los representantes ya purgan su fracaso en la inhabilidad y las penitenciarías.

No hay necesidad de que pasen largos años para abrir los ojos. Hoy la Historia no tiene necesidad de que académicos muy ancianos dentro de 50 años nos digan lo que pasó en este largo y triste parto de tanta infamia. La sangre corrió, las armas pulularon y no bastaron para borrar las señales de la tiranía.

*Abogamos por una postura de centro. No nos gustan los extremismos de derecha ni de izquierda, y a ambos les damos duro por igual. La vida no es blanca ni negra, es de matices y como tal, hay que entenderlos y tolerarlos. Pensar y amar son las tibias de nuestra bandera calavera. Asaltamos la rutina y hacemos de lo cotidiano una noticia.